Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 24/06/2017
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El Solito Trovador
1/05/2014

El Purgatorio. La Esperanza. Il naufragio è necessario

Canto primero. Lombardía. Travagliato y Brescia

“Resucité aquí, pues, la muerta poesía,
¡oh santas Musas!, pues que soy vuestro"


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Cuando Dante abandona el Infierno y entra en el Purgatorio, puede respirar de nuevo la esperanza. El aire está impregnado ya de una poesía que faltaba antes y el corazón del peregrino vuelve a latir ascendiendo por los escalones de una ilusión hasta ahora inexistente.

Atrás quedaba Bérgamo y su niebla final. Delante, aparentemente un paseo por el norte de Italia para volver a Suiza unos días después… pero en realidad, delante quedaba la vida, la que merecía ser surcada. 

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Cogí en Bérgamo un tren que me llevó a Ospitaletto. Después de las nieblas y las lluvias bergamascas, el sol se humedecía en gotas de ayer en el suelo, en el césped, en la vía, y el cielo mostraba sus mejores galas de nubes y azul. Cuando llegué a Ospitaletto estaba Lino esperándome. Me quedaría un par de días en su pueblo, Travagliato.

Travagliato es un pueblo cercano a Brescia. Allí me acogieron en su casa un matrimonio a quienes conocía indirectamente, por su hijo, un bresciano instalado en Murcia con quien he compartido aventuras y fiestas por la península, desde una ruptura espacio-temporal dentro de su Camino de Santiago hasta un par de botellas de vino con Viggo Mortensen en sus ya legendarias escapadas leonesas en busca del espíritu del Capitán Alatriste. 

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Tuve el mejor guía posible por Brescia. Conocí la que llaman 'Capilla Sixtina de Brescia', una iglesia llena de frescos de varias épocas en los que destacaban unas pinturas de un tal Romanino, de quien se dice que fue amigo de Leonardo da Vinci, con el que sin duda comparte al menos gusto y técnica por lo que se puede comprobar en uno de los frescos dedicados a la última cena. Vimos también el Capitolium, parte del pasado romano resistiendo al paso de los tiempos, y subimos al castillo para contemplar Brescia desde arriba. 

En casa comí pizza de verdad, pasta bolognesa y bebí limoncello casero. Creo recordar que jugaban la Juventus y el Nápoles, y que ella es napolitana. Que dormí y descansé como pocas veces lo he hecho, ilusionado porque al día siguiente iríamos a Pisognia a por setas. Creo recordar también que empecé a soñar en italiano y que empecé a cogerle gusto a la lengua y a la cultura. 

[Img #9284]

Haber abandonado el infierno me había abierto los ojos a nuevas oportunidades. La esperanza me abrazaba mientras iba cayendo al descanso en aquella cama inmensa. Una nueva etapa cambiaba el rumbo del viaje. 

Ahora levantaba cabeza. Ahora entendía aquellos versos que escuché años antes en París, los de la canción de Vinicio Capossela… il naufragio è necessario.



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