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José Cabañas González
27/05/2014

Rectificación…, y aclaraciones. (Respuesta al amigo Miguel García Bañales)

Una aclaración, antes de nada: los textos que vienen apareciendo en esta columna y que tan gentil y hospitalariamente son acogidos en AstorgaRedacción proceden, como al final de cada uno de ellos se indica, de la publicación Los prolegómenos de la tragedia, salida de la imprenta el 19 de julio del  pasado año. Son extractos de informaciones y materias contenidos en aquella, fundiendo en ellos a veces las que allí se hallan en diferentes apartados, y resumiendo otras las que en el volumen se recogen con mayor extensión, toda vez que las limitaciones y condicionantes del medio en el que estos artículos o colaboraciones se vienen publicando así nos lo imponen, al tiempo que nos obligan a prescindir aquí de otras informaciones complementarias, como son las numerosas notas a pie de página que en la obra amplían o matizan las afirmaciones realizadas o dan cuenta de las fuentes de las que se toman, y que forman parte del contexto al que ya en otra ocasión y en relación con otro de ellos se refirió el amigo Miguel García Bañales.

 

Dicho lo anterior, y añadiendo que profesamos como mínimo igual admiración, respeto y devoción que nuestro amigo por las figuras de los astorganos, de naturaleza o adopción, objeto de la aparente controversia (que no es tal), reconozco que en el artículo de que ahora se trata no fue afortunada la redacción que incluye a Eugenio Curiel Curiel formando parte de los masones astorganos, error debido a esa necesidad antes aludida de reducir y sintetizar aquí un texto que en la publicación de procedencia ocupa un apartado mucho más extenso y en el que hay lugar a otras ampliaciones, explicaciones y matices.

 

Eugenio Curiel Curiel no fue masón (si lo hubiese sido, personalmente no nos parecería reprobable, sino todo lo contrario), como sobradamente nos muestra Miguel García Bañales con todo lujo de detalles. Yo no dispongo para mis modestas indagaciones sobre lo sucedido en Astorga en los tiempos de que se trata de fuentes tan extensas, ni de la cercanía a ellas, como las que maneja el amigo García Bañales (sus magníficas investigaciones son en no pocas ocasiones parte de las mías, y así, y con agradecimiento, lo señalo), pero, no obstante, en los apartados dedicados en el volumen, con mayor amplitud, a la masonería en Astorga y en La Bañeza, apoyados en las diversas fuentes disponibles (“Seguimos en este apartado y en el siguiente a García Bañales, Miguel en ‘La Masonería en Astorga 1933-1936’. AstorgaRedacción. 05-05-2013”, se dice a pie de página), hemos incluido afirmaciones y matices como las siguientes: Señalamos “la documentación represiva del franquismo” como una de las fuentes de adscripción de masones, una “adscripción que no está para todos probada”, decimos en otro pasaje. Afirmamos un poco más allá que “…estos masones (de los que formaría también parte Eugenio Curiel Curiel,… …“peligrosísimo y cuyos informes allí también son pésimos”), y añadimos a pie de página la fuente (“Una torre testigo de los horrores La documentación de los masones leoneses”. Diario de León. 05-09-2004), después de haber utilizado el condicional en cuanto a la pertenencia de Eugenio Curiel a la masonería, pretendiendo (no sé si consiguiéndolo) que se entienda que ello habría sido así según aquella documentación franquista, “el informe del camarada de Falange Española de las JONS en Valladolid, Enrique García”, y “los expedientes de la represión franquista aplicada a la masonería”, de la que más adelante decimos que “la fiabilidad de tal documentación no es precisamente alta, por cuanto muchos de los datos en ella acumulados serán sin duda tan burdos como los que atribuyen ideología izquierdista (comunista, además de masónica; para los represores los masones eran rojos por definición) al general maragato Toribio Martínez Cabrera”…, añadiendo luego que “la falsedad de la atribución masónica del eximio militar es hoy más que evidente”…

 

Creo que, más allá del indebido uso del tiempo verbal en el artículo que ha merecido la atención del amigo García Bañales, no existe controversia entre lo que yo expongo y sus afirmaciones, desde luego mucho más y mejor documentadas, y que una vez más aportan una muy valiosa ampliación, profundidad, contraste  y detalle a las que yo recojo y muestro. El evidente error de lo afirmado en el artículo se aclara y se sitúa en su adecuado lugar en el más amplio contexto en el que se trata esta materia en la publicación de la que aquel procede, de modo parecido, por cierto, a lo que con ocasión de otra inexistente controversia, entonces sobre un momento de la trayectoria de otro mártir astorgano, el eximio general Martínez Cabrera, el mismo García Bañales nos concedía, y que me permito citar aquí: “Las noticias no son “dogmas” y para entenderlas hay que conocer el contexto, por lo que es muy conveniente leerse el libro de Cabañas para entenderlas mejor”.

 

Pudiera entenderse en el artículo que García Bañales nos contesta que fuera mía (que no lo es) la afirmación de que Eugenio Curiel Curiel era masón, pero no creo que deba cargarse a mi cuenta la que, entrecomillada, lo tacha de “peligrosísimo”, por cuanto a continuación y entre paréntesis señalo quienes la hacen (los sublevados, a cuya fiabilidad ya nos hemos referido). Miguel García Bañales le contrapone otras muchas obtenidas de otras muchas fuentes, que contrastan e incluso contradicen a aquella.  

 

Tampoco es mía la afirmación de que Eugenio Curiel cometiera irregularidades en el Instituto. Me limito a señalar …”la denuncia que el semanario socialista había hecho en sus páginas de irregularidades en el centro de enseñanza”…, y no afirmo, desde luego, que “El Combate le denuncia por irregularidades en el Instituto”, como el amigo García Bañales pone en mi pluma en el encabezamiento de su contestación, una afirmación, la suya, errónea a la que seguramente le ha llevado el apasionamiento y el cariño y el celo que siente por estos egregios personajes maragatos, su obra, sus inmensos méritos, y su memoria, los cuales no creo que precisamente vengan a mermar en nada mis modestas aportaciones. García Bañales confirma en su contestación lo que yo afirmo, y magníficamente, como siempre, y con extensión y detalle, nos ilustra sobre tales denuncias y sus pormenores, además de hacerlo sobre la baja de los dos profesores como suscriptores del semanario de izquierdas astorgano.

 

Confío en haber dejado con estas líneas claro y corregido el error al que he hecho referencia. Espero haber aclarado también lo relativo a las que el amigo Miguel García Bañales califica de “dos insinuaciones” (que no creo haber hecho). Permítaseme además decir que por ninguna parte alcanzo a ver lo “inoportuno” de mi artículo, y menos veo lo de “injusto”. En cuanto a lo de “mal documentado”, pudiera admitirlo si ello quiere decir “menos documentado”. Menos documentado en lo que respecta a Astorga, desde luego, que las siempre amplias y excelentes aportaciones de García Bañales. Yo me limito a exponer y difundir lo que con mis escasas capacidades y posibilidades hallo, señalando las fuentes, y tengo que decir que me satisface comprobar que, hasta la fecha, los resultados de mis indagaciones y sus modestas fuentes no difieren ni contradicen a los mostrados con mayor amplitud y detalle por García Bañales y hallados en sus investigaciones en más documentadas, extensas y cercanas fuentes, como creo que además de en esta ocasión quedó patente en la anterior en la que me hizo el honor de contestar con unas aclaraciones (también entonces en detalle y amplitud) a mi artículo sobre un episodio de la campaña electoral del general Martínez Cabrera por el Partido Centrista en febrero de 1936.

 

Diré, para terminar, que celebro que por causa de esta inexistente controversia hayamos tenido ocasión una vez más de deleitarnos e ilustrarnos en AstorgaRedacción con las en todo siempre magníficas aportaciones del amigo Miguel García Bañales quienes estamos interesados en conocer del transcurrir del periodo histórico que él tan bien domina en Astorga y en toda nuestra tierra leonesa.

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