Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 20/07/2017
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José Cabañas (*)
10/06/2014

De embalses y pantanos. Lágrimas premonitorias por Riaño ya en julio de 1933

Una de las últimas publicaciones del semanario bañezano La Opinión en su primera época, la del 1 de julio de 1928 (“con censura eclesiástica y civil” impuesta por el régimen), informa de la expedición realizada por algunos lugares de la Valduerna, aguas arriba de los ríos Duerna y Llamas en busca de posibles asentamientos de pantanos en sus cauces, algo por lo que habían clamado sus redactores (la dictadura primorriverista impulsaba las obras públicas y los proyectos hidráulicos) y posibilidad que se vislumbra factible y que se augura traerá tiempos de prosperidad y utilidades sin cuento para los valdorneses. En la exploración acompañaron a los técnicos e ingenieros de la Confederación Hidrográfica del Duero (creada un año antes) el director del semanario y directivos de la Federación Católico-Agraria de Astorga. Del embalse del Duerna, reclamado desde 1902, aún se hablaba en los años 70 en nuestros pueblos de la vega del Jamuz, con la sempiterna esperanza de que viniera por fin a redimir su mísera agricultura de secano.

 

En el pleno municipal del 26 de diciembre de 1931 se suma la corporación bañezana al apoyo solicitado por la de Astorga a la construcción del pantano de Villameca, sobre el río Tuerto, de tanta importancia en la región, para regar las tierras yermas de la Cepeda Baja, y tan benéfico para el municipio maragato. Se paralizaba al iniciarse julio de 1932 la subasta de sus obras, (se construiría unos años después en Quintana del Castillo, siendo ocasión de empleo para obreros de El Bierzo, La Cepeda, e incluso de Zamora y Valladolid), retomada para algunas de ellas al principio de marzo de 1934, según el anuncio que aparecía en la Gaceta, un paliativo que en algo mermará el paro en la comarca y la provincia (y aún más allá, pues de otras cercanas se emplearán obreros cuando aquella construcción -que ya estaba en marcha a la mitad de mayo- tome su ritmo).

 

Al pantano de los Barrios de Luna ya se aludía en La Opinión y en El Diario de León a final de junio de 1932 como “el proyectado embalse que saciará la sed de los campos parameses”, y que no terminaba de iniciarse “a pesar de estar desde hacía un mes en marcha su expediente”, y pese a que, “no obstante la depresión económica mundial iniciada en octubre de 1929 y la enorme deuda heredada de la dictadura primorriverista, que restringían severamente la financiación de las obras públicas, había lanzado la República el más extensivo programa de construcción de pantanos de la historia española hasta aquella fecha”. 

 

En la Ribera del Órbigo la sequía causaba ya mucho daño al iniciarse el verano de 1933, y en Santa María del Páramo se prevé que los cereales de secano “darán poco más que a doblar”, por lo que los sufridos labradores se hallan apenados por no ver compensados sus constantes y penosos esfuerzos y por los grandes impuestos que gravan sus propiedades, mientras los embalses de Tarabico, en Villameca, cuyo proyecto fue aprobado al inicio de 1930 (a la mitad de 1929, según otras fuentes), presupuestado en 700.000 pesetas, y el de Barrios de Luna, que cuenta también con presupuesto, “siguen enredados y no salen a subasta”, situación que a final de agosto se pretendía resolver desde la villa paramesa, cuyo alcalde invitaba al regidor bañezano y a otros a reunirse allí “para tratar sobre los anhelados pantanos del Órbigo que tanto tardan en materializarse y que habrán de calmar la sed del Páramo”.

 

Se proyectaba visitar al ministro de Obras Públicas para que se consigne cantidad para tales obras en los presupuestos del año próximo, y en La Bañeza se nombra una comisión formada por el alcalde y los concejales de la minoría socialista Ángel González González y Porfirio González Manjarín que acompañe en la visita a Madrid a los demás miembros que se acuerden, viaje que al final se suspendió según aviso de los representantes de los pueblos de la Ribera del Órbigo y el Páramo, que se desplazaron a Valladolid a primeros de septiembre, después de reuniones en Santa María del Páramo y en Veguellina en las que se nombraron comisionados (a las que, con disgusto de la misma, no invitaron a la Juntalocal de regantes de la zona), para encontrarse con que “más que consignación para construirlos se precisa ahora de un ingeniero que continúe los estudios y trabajos, y para ello será preciso elevar a la superioridad solicitud más adelante”.

 

Pero no a todos satisfacían los pantanos: Se publicaba el 14 de julio en El Diario de León  el escrito de un vecino de Riaño (“El último riañés”, firma) oponiéndose a la pretendida construcción del pantano de Bachende (éste, sucesor del embalse de Remolina de 1902, y el Canal del Bierzo serían proyectos de la política hidráulica de la dictadura primorriverista que no se harían entonces realidad; del segundo dirá La Democracia el 13 de marzo de 1936 que “se ordenó confeccionar cuando Indalecio Prieto fue ministro de Obras Públicas”), afirmando que “los habitantes de Riaño no estamos dispuestos a dejar nuestras casas y nuestro pueblo para que inunden las venerandas cenizas de nuestros mayores”. Protestan virilmente los habitantes de este pueblo contra el atropello que se pretende cometer (dice), y expone que “el afán de hacer desaparecer un pueblo como este, capital de la montaña, solo se explica en cerebros tan huecos como el del alcalde de Mansilla y otros pantaneros, a los que si tanta falta les hace el agua, que la reúnan en otros lugares, sin que para ello sea preciso hacer desaparecer las poblaciones. Ahóguennos en el pantano para no tener que construir un nuevo Riaño, pero no hagan creer que estamos dispuestos a dejar voluntariamente nuestra cuna, el sepulcro de nuestros padres y el lugar de nuestros más caros afectos. Vale más morir ahogados en el embalse que en la deshonra, y bastante deshonrado estaría el que no tuviera lágrimas que unir a las aguas del pantano el día que viera desaparecer el pueblo de sus amores…”. Razones y sentimientos que volverían a albergar muchos habitantes de aquellos valles tantos años después al consumarse lo que por entonces se evitaba. 

 

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Se decía a la mitad de abril de 1934 que el ministro de Obras Públicas ha prometido incluir en el plan extraordinario de obras de interés nacional las de la carretera de Castrocalbón a Nogarejas (que importará 700.000 pesetas) y también las del Canal del Bierzo. Las autoridades de los pueblos parameses volvieron a celebrar junta el día 15, domingo, de aquel mes para tratar sobre los problemas y necesidades de la cuenca del Duero y enviar sus representantes a la asamblea que se reunirá en Valladolid, a la que asistieron delegaciones de Astorga y la Ribera del Órbigo, además del Páramo y La Bañeza, y a la que se desplazaron tres coches con 90 personas de la zona, una de las más afectadas por la pretensión del Plan Nacional de Obras Hidráulicas, que postergaba las que habían de realizarse en aquella cuenca, entre ellas el pantano de Barrios de Luna, que tardará en construirse según tal proyecto 15 años, y contra la que se protestaba en aquellas juntas y en la vallisoletana Asamblea de las Regiones Castellano-Leonesas, celebrada con enorme entusiasmo y uno de cuyos inmediatos efectos (se diría) será el acuerdo del gobierno el 3 de julio de sacar a subasta, por importe de 2.979.000 pesetas, las obras del pantano de Tarabico, en Villameca, cuya ejecución (adjudicada a Arturo Ruiz Falcó) se prevé dure tres años y se iniciará en breve, se decía al principio de septiembre. En cuanto al primero, se considera necesario, cuando casi acababa el mes de julio, que los parameses se unan para lograr la pronta construcción del embalse de Luna, “tan requerido por la comarca para que se rieguen sus tierras y no tengan que gastarse tanto en pozos, norias y caballerías que los arruinan y les hacen perder la salud agotando la vida con horas excesivas de trabajo, sin ayuda del Estado, y arruinados por plagas que les hacen perder media cosecha de uvas por lo menos”. 

 

Se realizaba el domingo siguiente en el Teatro Seoanez de La Bañeza una reunión comarcal de regantes y usuarios de las aguas de ríos y afluentes de la cuenca del Duero (propuesta y patrocinada por la alcaldía bañezana y aceptada por la corporación), en la que se reclamaba autonomía para dicha cuenca, la activación de las obras hidráulicas en ella previstas, y que no se la postergue, y cuyas conclusiones (y el acuerdo de asistir a la de Valladolid) se trasladaban al gobierno civil de la provincia. La presidía el alcalde bañezano, y se adhirieron a ella el presidente de la Comisión Gestora de la Diputación y los diputados a Cortes leoneses de la derecha, haciendo uso de la palabra tres ingenieros asistentes, además del regidor bañezano, el de Santa María del Páramo (Lorenzo Sierra), Ceferino Martín Martín y el parlamentario Manuel Sáenz de Miera. Se acordaría el 27 de junio que concurra a la asamblea de Valladolid la comisión que se designó entonces para ello, antes de que se atrasara a la fecha del 1 de julio en que ahora se celebra.

 

También en Valladolid se reunía del 22 al 30 de septiembre de 1934 el V Congreso Nacional de Riegos, y se apremiaba a que los ayuntamientos, las juntas vecinales, los Sindicatos de Riego y los Agrícolas, las sociedades azucareras, los almacenistas, los agricultores y propietarios y todos cuantos sientan el país se dirijan al mismo exponiendo las necesidades y aspiraciones de cada pueblo y apoyando la campaña del semanario bañezano El Adelanto para que en dicho Congreso se decida la urgencia de la construcción del pantano de Barrios de Luna, que tanto favorecerá a la región, y sobre todo a los pueblos y las tierras de secano del Páramo, de cuya villa capital asistían el alcalde, Santiago Santos (farmacéutico), y el Juez municipal, Clemente Ferrero Rodríguez.

 

Al rematar junio de 1935 continuaban con gran intensidad las obras en el pantano de Villameca, donde trabajan ya unos 80 obreros y se había instalado y se sigue emplazando gran cantidad de maquinaria movida por fuerza eléctrica, con la que se están realizando los cimientos de la presa. La Gaceta publica el 27 de febrero de 1936 un decreto que permite celebrar concurso para el proyecto, suministro y montaje de las compuertas para el desagüe de fondo del embalse. El 20 de mayo del mismo año la Confederación Hidrográfica del Duero ampliaba su petición del canal para el riego de la zona de oriente del río Tuerto hasta Nistal de la Vega, cuando se halla estudiando el proyecto de dicha conducción, “cuya pronta construcción sería de gran importancia para que las aguas del pantano de Villameca tengan inmediato aprovechamiento”, dice desde la Ribera del Órbigo el corresponsal de El Diario de León.

 

Al comienzo de junio de 1936 la repetición de las lluvias volvía a causar grandes daños en la agricultura de la Ribera del Órbigo (y más aún el retroceso de las temperaturas), y la Unión de Productores Agrícolas Leoneses, “organización apartada totalmente de la política, atenta solo a los intereses del campo”, convoca a una gran asamblea en Santa María del Páramo el día 7 para impulsar la rápida construcción del Pantano de Luna, “una realización en la que los comerciantes, industriales y labradores tienen intereses importantes, y los obreros la solución del paro en la provincia en la materialización del deseo justísimo de los parameses de aquella obra cumbre de la región”, se dice en la convocatoria. Asistió el gobernador de la provincia, que ofreció trabajar con entusiasmo para que el proyecto se vea realizado, y representantes de la Confederación Hidrográfica del Duero, del Servicio Agronómico provincial y de la Diputación (Santos Ovejero y Vicente Martín Marassa), aprobándose unas conclusiones y nombrando una ponencia para activar el asunto ante el gobierno (señalaban ABC y La Vanguardia el día 9). “La presencia de ciertos elementos que daba ocasión a que el acto recibiera tinte político disgustó a algunos asistentes. El proyecto del pantano está ya hecho y sigue los trámites naturales, que se precisa se transiten cuanto antes para contar con el embalse y el Canal del Páramo que desde aquel ha de regarlo”.

 

Otro Canal, el del Bierzo (reclamado desde 1929), se hallaba ya con sus obras comenzadas a primeros de julio de 1936, debido a las gestiones del diputado astorgano y exministro de Hacienda Gabriel Franco López, según mantendrá entonces el socialista trisemanario Horizonte desde Astorga, o gracias al empuje e influencias del berciano Ángel Pestaña Núñez, entonces parlamentario por Cádiz, tal como se contrapondrá desde Ponferrada, cuando desde Santa María del Páramo se seguía aún reclamando que se considere como obra urgente la del pantano de Barrios de Luna (dirá el diario capitalino La Mañana).

 

Habría años más tarde intenciones y planes de crear en nuestra provincia otros embalses: en los albores del desarrollismo franquista se propuso anegar La Cabrera Baja y trasladar su población a pueblos de colonización de Palencia y Valladolid, un proyectado y bárbaro trasvase del que las humildes gentes comarcanas se zafaron, aunque más tarde tuvieron que rendirse a la brutal realidad del abandono y salir por pies masivamente en busca de trabajo lejos de su tierra, una nueva postergación de la comarca cabreiresa, a sumar a la de 1909, cuando en el invierno las avenidas del río que le da nombre y sus afluentes arramblaron con los puentes dejando a sus habitantes aislados y nadie se acordó de arreglarlos ni de enviar socorro, o a la de 1933, cuando en febrero se sigue insistiendo desde La Opinión en que se ultime en la parte zamorana la carretera de Rionegro a la de León a Caboalles, “terminada hace más de sesenta años, aunque no definitivamente”, y a la que siguieron luego tantas otras desde todos los regímenes, y la ocupación en el franquismo de algunos de sus recónditos lugares por la Legión y los moros Regulares del dictador en persecución de huidos y de maquis.

 

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Un vaciado de población, el que se llegó a disponer para aquellas tierras, que ya se había perpetrado antes, en noviembre de 1945, por el Instituto Nacional de Colonización (inspirado en la Italia de Mussolini con el objetivo de “potenciar al hombre antiurbano y antiobrero, apegado a la tierra, temeroso de Dios y afecto al régimen, del cual es deudor de todo: casa, tierra y trabajo, todo bajo control del partido”) cuando los habitantes del vecino lugar de Oliegos, en la Cepeda, fueron transterrados (con sus enseres, ganados, y las campanas de la iglesia) para fundar como colonos obligados el nuevo pueblo de Foncastín, en el vallisoletano valle de Zapardiel, al ser inundado el suyo a la finalización del embalse de Villameca (inaugurado en octubre de 1946). No todos: a quien como Valerio Natal se opuso a dejar su casa se le encarceló por tres meses en Astorga, se le requisaron sus tres vacas, y se le negó el techo y el pedazo de tierra en el exilio castellano, condenándolo a mendigar hasta su suicidio en marzo de 1947 en las aguas del pantano (eco tal vez de la viril protesta del “último riañés”) como postrera rebeldía contra él y contra quienes lo habían construido, en parte con mano de obra obligada de los republicanos represaliados que purgaban haberlo sido en el destacamento penal que allí se estableció.

 

(*) Del libro “LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA” (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas – Valduerna, Valdería, vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga- de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González.

 
 
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