Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 19/10/2017
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Miguel García Bañales
23/07/2014

El acto del 18 de julio en la Ergástula

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El 18 de julio a las 19.30 empezaban unas conferencias en la Ergástula promovidas por el Ateneo Republicano de Astoga y coordinadas por Abel Aparicio.

 

En un entorno fantástico y con el aforo lleno comencé la mía que trataba sobre 'La sublevación en Astorga en julio de 1936'. Al inicio expuse cuales son los parámetros en los que me muevo en estos temas y que se ven reflejados, creo que claramente, en los artículos que he escrito sobre los mismos. El primero: la Ley de Amnistía de 1977  y el espíritu de reconciliación que se conforma en un marco político. Esto, aunque alguno hoy le parezca muy injusto (alguno ha recurrido a Tribunales externos porque así lo estima en derecho), fue trascendente para que el régimen incipiente pudiera sostenerse ya que sino empezarían las denuncias de uno y otro lado que lo haría inviable. Hoy se cuestiona la inmunidad del Rey, pero cualquiera de los que vivimos aquella época sabe que rápidamente los nostálgicos se volcarían sobre el “rey felón” y lo desguazarían ya que había traicionado los principios del Antiguo Régimen: esto no viene de ahora, ya empezaron en los años 80 e incluso antes de la Transición.

 

El segundo es una frase de un Primo de Rivera, con 14 miembros de su familia fallecidos en la guerra, cuando a partir de la Ley anterior dijo: “a las víctimas no sólo hay que respetarlas sino que hay que dignificarlas”. Pensamiento contrario al del Girón cuando dijo: “no nos arrancarán la victoria”. Es triste pero alguno aún se mueve con este último sentimiento.

 

El tercero, una frase de la presidenta de las víctimas del nazismo cuando dijo en Auschwitz: “las familias de los verdugos no tienen la culpa de nada pero les exigimos que nos respeten y colaboren con nosotros".

 

El cuarto y último: las víctimas hay que respetarlas todas, sean del lado que sean.

 

A partir de este punto entré en el tema del porqué de la sublevación en Astorga y en el cual aparecen las dos figuras más importantes en ese momento: el alcalde Miguel Carro y el comandante Elías Gallegos. Este último manifestará que no se va a sublevar varias veces y el alcalde a las 15,30 de la tarde (ya están sublevados) manifiesta aún que Gallegos no se va a sublevar: no por que lo diga yo, sino porque un policía (sublevado) entra en el Ayuntamiento y lo certifica así. El comandante se sublevará porque sobre las 12 de la mañana recibe la orden de la Capitanía de La Coruña, que ya está sublevada, de hacerlo así. Para poder entender esto hice un recorrido del comportamiento de los militares en el tránsito republicano con flecos de la situación política.

 

En los días anteriores a la sublevación en Astorga, las medidas del alcalde serán las de proteger la ciudad ya que en la noche del día  18  los fascistas les ponen unas bombas a varios miembros del Frente Popular en sus casas. Seguí desvirtuando más tópicos como el de los mineros, ya que estos no provocaron incidentes, excepto un robo que resolvió un joven socialista de los que daban seguridad. Acabé este tópico con cuando los mineros piden las armas sobrantes del cuartel y al subir sobre unos diez mineros que iban por libre vendrán las frases de que querían tomar el cuartel e incluso quemar las iglesias pero que el alcalde no consintió. Hay que tener en cuenta  que hasta ese momento solo había una comisión de tres representantes de los mineros en el Ayuntamiento, que en la estación había sobre 2.500 mineros y que el alcalde no le dio ninguna de las armas que había requisado de las armerías ni de los particulares. Seguí desmitificando sucesos y entre ellos el de que el Ayuntamiento estaba lleno de defensores, cuando hay un policía que dirá que hay pocos y en la causa judicial se concluye que sólo había tres: el alcalde, Cortés y Lassalle; hasta once llegarán a estar dentro porque se esconden en el Ayuntamiento cuando invade la plaza la Guardia Civil disparando, de los cuales absolverán a cuatro.

 

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A continuación Sol Gómez Arteaga hizo una  magnífica exposición sobre la Sublevación en Valderas  y sus antecedentes.  Su dolor se sentía en cada párrafo y su exposición fue muy emotiva por el desgarro que mostraba en cada frase. En todo su discurso no hubo ni un ápice de rencor, lo que le hace admirable, ya que yo no sé, si estuviera en su caso, como reaccionaría. Trascurrió su conferencia en ir subiendo peldaños por la historia bien documentada con un verbo fantástico y, como he dicho antes, con gran sentimiento. En la cúspide de su escalera histórica nos mostró el tenebroso cuadro familiar de su abuelo fusilado en Astorga y sus dos bisabuelos, él condenado a muerte, conmutado y preso en San Cristóbal, ella presa en San Marcos, todo  ello movido dentro de la masacre de Valderas, que fue el pueblo más castigado de la provincia de León. Cuando se encuentra uno este tipo de personas, como he dicho admirables, le anima a uno a seguir con estos temas y a compartir su dolor, siendo para mí, cuando rehabilito, todo muy penoso.

 

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Al final Cristina Pimentel nos presentó espléndidamente un video de la apertura de una fosa en Villanueva de la Valdueza en la cual se encontraron los restos de Antonio Fernández González paseado por los falangistas el 9 de octubre de 1936. En el video se puede ver a sus hijos emigrantes en Argentina y a una nieta en la escena del encuentro con los restos que fue muy emocionante. Como siempre estos temas los hacen los de fuera, ahora el vídeo los alemanes, las autopsias un portugués y una canadiense, por lo que se pregunta uno: ¿dónde estamos? Todo esto se mueve gracias a la labor generosa y altruista de Marco y René, representantes de la ARMH, de los cuales ya hablé en otro artículo.

 

No se entiende como hay aún personas que no comparten estos sentimientos de dignificar y de recuperar los restos, aunque cada vez son menos, y que aún encima hablen de venganzas y de odio: si hubieran presenciado  la conferencia de Sol y el vídeo de Cristina seguramente verían lo injusto que es decirlo (se adjunta al artículo “Carta a mi abuelo” de Sol Gómez). He ido a varios actos de estos y jamás he visto odio  ni rencor, aunque a nivel particular cada uno puede llevarlo como quiera o como pueda, ya que “la memoria propia no se expropia”.

 

Alguno verá un sentimiento demagógico en lo que he expuesto, pero para el que tenga alguna duda le voy a indicar una serie de medidas para que por fin se pueda finalizar de manera justa estos temas en Astorga:

1.- Ponerle el nombre de Eugenio Curiel al Instituto o a la calle que lleva el nombre del Instituto

2.- Poner en las Escuelinas de San Andrés una placa a Balbina de Paz: si el problema de ésta fuera económico, incluso la pagaría yo

3.- Poner en el monumento a las víctimas del cementerio una placa con los nombres de los fusilados en Astorga y de los represaliados de Astorga y muertos fuera de ella.

4.- Impulsar la recuperación de los restos de las dos fosas de Estébanez en la que probablemente estén personas de Astorga: finales de julio de 1936 y principios de noviembre de 1936.

¡Ojalá así sea!

 

Al Ateneo Republicano de Astorga  mi agradecimiento por haberme invitado a este acto y permitirme compartir mis estudios de rehabilitación de la dignidad de las personas que yo hago. Aunque al principio les dije que lo tenía que pensar, al final pudo más mi compromiso con la rehabilitación.

 

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Me pareció apreciar que cuando yo me levanté se puso en la “tribuna” la bandera republicana, quizás por deferencia hacia mí que me manifesté monárquico, en realidad soy 'juancarlista' como casi todos los de mi generación y en amplio espectro político, tanto desde la izquierda como de la derecha. Para mí la bandera roja-gualda-morada me parece tan respetable como la constitucional que tenemos ahora, ya que significa o recoge la infinidad de personas que lucharon y murieron por ella desde los combatientes hasta los represaliados. Como bandera oficial que fue del estado español desde 1931 a 1936 tiene la consideración de bandera de España, guste o no. Sí creo, que si hay un acto oficial (ámbito estatal, autonómico o local) y siempre que figure la bandera nacional en lugar preferente, se puede poner cualquier bandera o símbolo siempre que la anterior figure en un lugar preferente, ya que durante muchos años siempre hemos hablado de que sin violencia podemos hablar de todo, y lo que hoy no tiene cabida en el ámbito constitucional  por el procedimiento conveniente puede tenerlo. Hace un mes, más o menos, en un ámbito de aniversario el exponente se manifestó con “una perla” (además de otras) en la biblioteca pública refiriéndose a la bandera rojo y gualda: “esta es la nuestra y no la otra”. Parece mentira que una persona procediendo del ámbito castrense se manifieste así y más habiendo sido director de un museo, cuando sabe que en los museos militares se veneran, como no podía ser de otra manera, las banderas y los estandartes de las unidades republicanas. Si veneramos a la Bandera de Clavijo, es muy fácil entender que también hay que venerar a esta: este tema de Clavijo lo conozco bien ya que participé en la primera que se hizo, que por cierto Enrique Tomasoni llevó muy bien, y alguna vez me consultan sobre el tema.

 

La bandera roja, gualda y morada hay que tratarla con el respeto que se merece, luego no hay que ocultarla ni 'clandestinizarla' ni desprestigiarla, sino que hay que sentirse orgulloso de ella y tratarla con respeto como una bandera de España que fue. Disculparme por esta 'teórica cuartelera' que recuerda mis años jóvenes, pero el respeto que tengo por la bandera me hace serlo con las demás y como ésta, como he dicho, fue bandera de España aún más. Si alguien piensa que esto es retórica, le diré lo siguiente: corría el año 1976 y era yo teniente en el Campo de Gibraltar. Estaba de oficial de vigilancia y teníamos que arriar la bandera en la verja del Peñón para lo cual formaba allí banda y música y el precioso acto lo dirigía yo, como otras muchas veces. En el momento de arriar el ejército inglés formaba y le rendía honores a nuestra bandera con una pulcritud y una energía que llamaba la atención. Nosotros teníamos la orden de no hacerlo, cuando lo hacían ellos. La situación me producía tal sentimiento de indignidad que me decargué con un escrito al superior que le correspondía mostrando mi malestar y manifestando que la política no debía de tener nada que ver con el respeto a las banderas.

 

Mi agradecimiento a las personas que aguantaron estoicamente la conferencia de hora y media, que fueron todos,  y no se 'suicidaron': gracias por su generosidad.

 

Un saludo cariñoso para Sol y Cristina que compartieron conmigo este acto y como ya saben merecen mi afecto, mi respeto y mi admiración.

 

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