Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 27/05/2017
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José Cabañas (*)
23/07/2014

Los Cursillos del Magisterio en León en julio de 1936

En la sesión de las Cortes del día 4 de junio de 1936, ante la afirmación del ministro de Instrucción de que “hay que crear una enseñanza oficial que desplace a la mezquina y pobre de las religiones”, se retiraron las derechas del salón de sesiones, reintegrándose a la Cámara el día 5 por la tarde. El 8 de junio se dirá en El Diario de León que “la libertad de enseñanza es un dogma en todo el mundo civilizado, y aquí quieren que España sea una excepción al lado de la Rusia de los soviets”.

 

La Gaceta del día 9 de junio publica los componentes de los tribunales que han de actuar en los próximos cursillos para ingreso en el Magisterio primario (cuyos ejercicios se dice “darán comienzo el día 1 de julio, aunque con seguridad nada se sabe”), que para León son: en el Primer Tribunal, como propietarios, la profesora Julia Pérez Seoanez, el inspector Rafael Álvarez García, y el maestro Francisco Santos Román, de Toral de los Vados; y como suplentes, el profesor Miguel Vicente Mangas, la inspectora María Purificación Merino Villegas, y el maestro Dámaso Campo García, de Secos de Porma. En el Segundo Tribunal, propietarios, Mercedes Monroy Suárez, María de los Dolores Ballesteros Usano, y Javier Díez Natal, de Hospital de Órbigo; y como suplentes, Matilde Sánchez Trébol, Francisco Rodríguez Gómez (de Jaén), y Carlos Pérez Bello, de Villafranca del Bierzo. En el Tercer Tribunal, como propietarios, David Fernández Guzmán, Estefanía González García, y María del Carmen Álvarez González, de Bembibre; y como suplentes, Teresa Menéndez Berjano (participará en octubre de 1939 en la represiva Comisión C depuradora de la enseñanza secundaria y superior), Marcelino Reyero Riaño (de Jaén), y Marcelo Martín Gallego. En el Cuarto Tribunal, como propietarios, José María Vicente López, Luís Vega Álvarez, y Gerardo Fernández Moreno, de Astorga; y como suplentes, Rosario Díez Jiménez Molleda, Anselmo Rodríguez Sáenz (de Logroño), y David Escudero Martínez, de la Escuela Preparatoria de León. En el Quinto Tribunal, como propietarios: Publio Suárez Uriarte, Francisca Vicente Mangas, y Laureano Nepomuceno Matanzo, de Cármenes; y como suplentes: la profesora María Jesús Pérez Seoanez, el inspector Eduardo de Fraga Torrejón (de Oviedo), y el maestro Nazario González Varela, de Villamañán. En el Segundo Tribunal de Lugo figura como profesor Ismael Norgagaray, que lo es de la Normal de León; en el Primero de Toledo el inspector leonés Fidel Blanco García, y en el Tercero de Valladolid el también inspector de León Salvador Ferrer Culubret, todos como vocales propietarios.

 

La recusación de los jueces puede hacerse durante los siguientes ocho días naturales, se establece, y alguna se produjo, con la sustitución subsiguiente, pues cuando los cursillos se realicen en Leon actuará en ellos el profesor Enrique Esbrí Fernández (había sido director de la Normal de Jaén desde enero de 1931 a agosto de 1933), atrapado en la ciudad por la sublevación del 18 de julio y víctima mortal de los rebeldes, represaliado como lo serían buena parte de quienes lo acompañaron en aquellos tribunales, además de los cambios o rectificaciones que después (el 26 de junio) se introdujeron y que dieron lugar a serias protestas, de manera que en la composición definitiva de los tribunales serían sustituidos: en el Segundo Mercedes Monroy por Matilde Sánchez Trebol, a la que a su vez sustituye Carmen Pardo Losado, de la Normal de Lugo; Javier Díez Natal por Antonio Fernández del Campo, maestro de Navatejera, que renunciará, siendo a su vez sustituido por el suplente Carlos Pérez Bello (informaba La Democracia el día 30). En el Cuarto, José María Vicente López por Enrique Esbrí Fernández, profesor de la Normal de Murcia desde diciembre de 1934. En el Quinto, Publio Suárez Uriarte por Teófilo Sanjuán Bartolomé, de la Normal de Valladolid; Francisca Vicente Mangas por María de los Ángeles Antelo Rodríguez, inspectora de Zamora; y María Jesús Pérez Seoanez por Eustasio García Guerra.

 

[Además de Enrique Esbrí serían paseados Rafael Álvarez, Nazario González, Gerardo Fernández, y Luís Vega; fusilado, David Escudero, y sometidos a prisión, depuración, multas y otras represalias, Javier Díez, Salvador Ferrer, Mercedes Monroy, Julia Pérez, Purificación Merino, Estefanía González, Marcelino Reyero, José María Vicente, David Fernández, Eustasio García, María de los Dolores Ballesteros, y Francisca Vicente. Casi todos los miembros de los tribunales excepto los pocos que estaban fuera de León (quizá Julia Pérez, y Juan Antonio Fernández, que días antes del 20 de julio se desplazaba a Madrid con algunos otros miembros del tribunal, tal vez para tratar asuntos del cursillo) o se pasaron a la zona leal, como Laureano Nepomuceno –natural de Cubillas de los Oteros-, nombrado poco después delegado gubernativo de Educación por el Consejo de Asturias y León y condenado a finales de 1937 a 20 años de prisión].   

 

Aquellos cursillos, mediante los cuales se proveerán 6.000 escuelas, en los que toman parte 24.000 maestros, y actúan 109 tribunales seleccionadores, se habían convocado y se desarrollaban como parte del plan trazado por el gobierno del Frente Popular para sustituir cuanto antes la enseñanza religiosa, y se informaba comenzando el mes de julio de la fecha de su inicio en León el sábado día 4, en que se realizará la primera prueba, y de las ubicaciones de aquellos tribunales, el primero en el Grupo Escolar de niñas Ponce de León (antigua Escuela Normal de Maestras), en la Cantina de la actual Normal el segundo, en el Instituto de segunda enseñanza el tercero, en el Patio Cubierto de la Escuela Normal el cuarto, y el quinto en las galerías de las escuelas anejas a la Normal. El día 1 están convocados los cursillistas a una asamblea en la Casa del Pueblo, “para hacer que resplandezcan nuestros derechos hasta hoy pisoteados”, continuando las reuniones en las siguientes jornadas y decidiendo en la del 3 de julio, muy numerosa, no presentarse en la siguiente fecha a practicar el primer ejercicio de los cursillos, como protesta por la forma en que han sido convocados (con escaso número de plazas otorgadas y permitiendo concurrir a licenciados), declarando la huelga el día 4, como en las demás capitales en las que se celebran los exámenes, entrando a la primera prueba de ellos aquel día más de la mitad de los inscritos en León (602 presentados de los 1.025 de la lista), realizándola entre la discreta vigilancia de algunas (pocas, se dice) parejas de Asalto, y produciéndose “ligeros incidentes”. Para el 7 de julio se fija la primera parte del segundo ejercicio, y se destina el 10 a la segunda. El viernes día 3 habían distribuido los cursillistas descontentos un manifiesto editado por los obreros de los talleres en huelga de El Diario de León, y ya en la madrugada del sábado se reunían los disconformes en la Casa del Pueblo. 

 

Se suspendía de momento, el día 9, la actuación ante los tribunales de los cursillistas que no habían practicado el primer ejercicio; los restantes continuaban realizándolos a la altura del 15 de julio, y el 16 se aplazaban para todos a la espera de una solución y una norma común que permitiera incorporar a los cursillos, y reanudarlos luego todos juntos, a quienes se habían abstenido de realizar las dos primeras pruebas. Al quedar poco después bruscamente interrumpidos por la guerra se repitieron en 1937, pero algunos “cursillistas de 1936” que tenían dos exámenes aprobados (la mayoría represaliados políticos y exiliados) entablaron un juicio, que ganaron por grupos en las décadas de 1950, 1960 y en 1975, jubilándose muchos de ellos como maestros a la altura de 1980.

 

En la capital leonesa (33.053 eran sus habitantes de derecho, y 32.862 de hecho, según el Padrón municipal aprobado a finales de junio), al igual que en otras muchas del país, la primera quincena de julio transcurrió agitada por el conflicto planteado por las reivindicaciones de una buena parte de los maestros asistentes a aquellos tribunales calificadores de los cursillo de acceso al Magisterio, convocados para iniciarse el día 4 y saboteados con la huelga que desde la misma fecha siguen (como en las demás ciudades donde se realizaban los exámenes) la mitad de los inscritos. Tres extensas columnas y los titulares sobre “La huelga de los cursillistas en España” aparecen con gruesos tachones de censura en La Mañana del 5 de julio, que resalta la afirmación de Indalecio Prieto de que “es preciso terminar con las alteraciones de orden público”, y señala haberse producido en León algunas leves promovidas por los cursillistas, con carreras e intervención de los guardias de Asalto, al realizar el primer ejercicio, repetidas en el segundo el día 7 con el resultado de seis heridos contusos atendidos en la Casa de Socorro (se dice en lo que permite la censura), cinco cursillistas (cuatro varones y una mujer) y un cabo de Asalto. Otro aspirante a maestro será contusionado agresivamente el día 9.A la altura del 16 de julio se suspendería el desarrollo de los cursillos y se aplazará el tercer ejercicio aún no realizado, a la espera de que el ministerio de Instrucción Pública halle una solución y adopte medidas que permitan incorporar a ellos a los cursillistas que se habían abstenido de realizar los dos primeros (para proseguir todos ya con el tercero), y en el impasse, con la ciudad atestada de maestros y maestras, cuando los sublevados triunfen en León el día 20 y pongan abrupto fin a los cursillos (suspendiéndolos definitivamente en la zona nacional el 11 de agosto), recogiendo de los tribunales la documentación de lo actuado y deteniendo a algunos de sus miembros en las oficinas de la Normal en que se reunían, se producirán protestas de los enseñantes y de algunos examinadores e incidentes en medio de los cuales se quemaría el listado de los participantes en las pruebas, acallados algunos de aquellos con su inmediato encarcelamiento, terminando parte de los apresados asesinados (paseados y desaparecidos) en diversas fosas comunes que pronto siembran algunos lugares en los primeros días de la sublevación, como habrían sido las que en Faramontanos y Santa Eulalia, ambos de Tábara -cercano a Benavente- y posiblemente en Albires (exhumadas la última y la primera por la ARMH en septiembre y octubre del año 2008), acogerían entonces a un grupo de al menos doce jóvenes maestros y maestras cursillistas –algunos de ellos posiblemente naturales de Valderas- la de Faramontanos (una veintena de muchachos y muchachas podría contener la de Santa Eulalia), y otra cercana a un componente de uno de los tribunales, Enrique Esbrí Fernández, socialista, miembro del Comité Nacional del PSOE en 1920 por Andalucía y que había sido diputado por Jaén en las Cortes Constituyentes (del 17 de julio es su última carta desde León a la familia), paseado a los 43 años, quizá en la fecha del 26 de julio, aunque según la Cruz Roja Internacional lo habría sido el 20 de octubre de 1936.

 

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Bastantes de los maestros cursillistas y de quienes en los tribunales los estaban evaluando estamparon su adhesión al homenaje que en la noche del mismo día 16, después de la representación en el Teatro Principal de Nuestra Natacha (la más emblemática y aplaudida del teatro en aquel momento histórico, motivo de escándalo para la prensa más conservadora) se había tributado en el leonés Salón de Arte de los bajos del Bar Central al también enseñante e inspector Alejandro Álvarez Rodríguez (Casona), objeto de inmediato de la obsesiva persecución de los alzados victoriosos como símbolo y señalado líder del movimiento de renovación pedagógica (que consigue eludir escapando disfrazado hacia su pueblo, Canales, para alcanzar luego la zona leal, desde la que más tarde partirá al exilio), y haberlo hecho y que su firma figurara en el libro en el que se recogieron los pliegos de afección al reconocido dramaturgo sería después causa de añadida represión para muchos de aquellos maestros y maestras, de los que se trataría de obtener que confesaran el paradero de Casona.

 

 

(*) Del libro “LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA” (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas – Valduerna, Valdería, vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga- de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González.

 
 
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