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Redacción
30/07/2014

Porqueros revive el desgarro y la riqueza que aportó el pantano de Villameca

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La Cepeda recuperará este sábado la película grabada en el 'disco duro' del colectivo de sus habitantes sobre el desgarro y la riqueza que aportó la construcción del embalse de Villameca en 1945. Porqueros, la localidad desde donde los habitantes de Oliegos embarcaron rumbo a Foncastín, será la sede de Versos a Oliegos, la cita anual con la cultura y los recuerdos. Los actos comenzarán a las 18 horas.

 

La Asociación Peñafita, capitaneada por Pablo Prieto, ha sido la encargada de elaborar con mucho esfuerzo y 'a fuego lento' la XIV edición de la fiesta y el libro 'De Oliegos a Porqueros' en el que quedarán archivados relatos, poemas e impresiones del éxodo de los vecinos de Oliegos. El volumen comienza con el poema 'La luna', del escritor cepedano Eugenio de Nora' y finaliza en la contraportada con un extracto del poema de Andrés Martínez Oria, incluido en el libro, donde el creador astorgano: "También desde la muerte renacemos / en aquellos que alguna vez nos piensan".

 

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El acto de este sábado contará con la presencia de una quincena de colaboradores que han prestado su pluma o sus recuerdos en un libro donde, entre todas las narraciones, destaca la del padre de Bernardina Natal, donde recoge el testimonio de su padre sobre los sentimientos de aquel niño de 11 años yendo al muelle de embarque ferroviario de Porqueros, donde les esperaba el tren mixto con destino a Foncastín.

 

Ya sé que muchos de ustedes conocen esta historia,

o al menos creen conocerla.

También sé que creen saber lo que se siente

pero no es cierto, porque la verdad

lo que pasaron y sintieron

solo lo saben los pocos que la vivieron,

por eso hoy quiero que sepan la verdad,

quiero que conozcan la historia

tal y como la tuvo que vivir un niño

al que aunque no quiso, le tocó hacer aquel camino.

Tenía por aquel entonces 11 años,

en los últimos días tuvo que ayudar a su padre

a recoger y cargar las cosas para el traslado,

para llevarlas a Porqueros.

Algunos familiares y amigos vinieron en su ayuda,

vivían en los pueblos vecinos

y era una forma de estar más tiempo juntos.

En todas las casas pasaba igual

ni siquiera lo comentaban pero pensaban lo mismo

y sin querer se preparaban para hacer el camino.

Poco a poco el pueblo se iba quedando vacío.

Cuando salieron era sobre las 5 de la tarde

ya no quedaba nadie, eran los últimos en irse,

no les quedaba otro remedio,

había llegado el día de la partida.

Iban con él su tía y sus hermanos pequeños,

como equipaje llevaban una oveja y un cordero,

los dejaron después de haber tenido que vender casi todo.

Los niños pequeños lo pasaban bien

a trechos jugaban, era una excursión

(aunque se les hacía largo el camino) aunque se cansaban y paraban.

La tía se las arreglaba para entretenerlos

para que siguieran caminando

pero para él eso no contaba, era mayor,

creían que no se daba cuenta

pero sabía muy bien lo que pasaba.

 No hubo nunca camino tan largo,

no quería marcharse y se revelaba como podía,

las piernas se le negaban a andar,

a cada paso que daba miraba atrás

siempre sin poder ver,

a ratos hasta caminaba hacia atrás

solo para poder seguir mirando y recordar,

para no olvidar nunca, pero le daba igual, no veía nada

por más que lo intentaba, la vista se le emborronaba,

sentía rabia por no conseguir que las lágrimas pararan,

así esos pocos kilómetros no dejaban de crecer

se le hacían cientos, eran eternos.

A mitad de camino tuvieron suerte, un camión los recogió 

trasladaba los enseres de otros vecinos

pero les hizo un sitio para el resto del camino.

La llegada a Porqueros fue de noche,

los acogieron unos vecinos

que los dejaron entrar a dormir en una cocina,

pero la noche fue larga sin nada para cenar,

al menos no hacía tanto frío.

Poco a poco se fueron quedando dormidos

todos acurrucados alrededor de la tía.

A la mañana siguiente con el estómago vacío

emprendieron de nuevo el camino,

esta vez solo hasta la estación a coger el tren

preparado para ellos y que definitivamente los alejaría,

No sabía dónde iba, por no saber

ni siquiera sabía si alguna vez volverían.

Esta historia tan simple es la de mi padre, un hombre de casi 80 años que cuando pudo volver 30 años después seguía llevando dentro aquel niño de 11 años que aún revive cada paso que dio aquel día, y sigue mirando atrás sin saber qué buscar porque sigue sin poder ver lo que quería.

 

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'Versos a Oliegos' comenzará con la concetración de pendones y la recepción-bienvenida de los habitantes de Foncastín. A continuación se presentará el libro 'De Oliegos a Porqueros', donde "cada autor interpreta, en castellano o en leonés, el éxodo de Oliegos", asegura Pablo Prieto, en total han participado 14, unos son escritores reconocidos como Martínez Oria o Rogelio Blanco, otros, como el padre de Bernardina, aportan sus recuerdos. En el acto, habrá un hueco para la música de la mano del pianista Emilio Cuesta que interpretará cuatro danzas españolas de la época de Cervantes, también cantará el coro infantil con los niños de Porqueros.

 

"Versos a Oliegos es un pretexto para unir a los pueblos de La Cepeda porque la única relación que tienen entre ellos es la carretera para ir al mercado de los martes a Astorga", concluye Pablo Prieto.

 

 

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