Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 12/12/2017
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El Solito Trovador
2/10/2014

Travagliato. La hospitalidad lombarda

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Tras los meses calurosos, que coinciden con las fiestas y la actividad más frenética de cualquier músico de plazas y tabernas (léase trovador), vuelve a buscar su asiento la calma, y esa calma trae, casi un año después de la partida, nuevas crónicas de aquel viaje por Europa.

 

Para ponernos en situación: el viaje empezó en Astorga, en la estación de autobuses, y me llevó por Villabalter, Sahagún, Castrojeriz, Burgos, Bera, Pamplona, Jaca, Lausanne, Modena, Bologna, Padova y Bergamo. Hasta ahí llegué con las crónicas. En la etapa italiana me sumergí en La Divina Comedia de Dante y busqué un paralelismo entre el infierno del florentino y la soledad fría del viajero por el norte de Italia. La crónica de Bérgamo hablaba de cómo se disipaban las nieblas y como la mente del trovador conseguía encajar la aventura y dejar atrás los miedos para sumergirse de lleno en el día a día, en el paso a paso de un viaje sin destino concreto, pero con rumbo. Un rumbo cargado de mentalidad positiva, de búsqueda de las corrientes del fluir.

 

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Estamos en Travagliato, en casa de Lino y su esposa. El infierno dantesco interior se fue con las nieblas bergamascas y lloró desde el cielo lombardo la noche anterior. Con fuerza. Travagliato: el purgatorio, el escalón hacia la paz con el alma y por tanto con el mundo. El descanso.

 

En Travagliato descansé y me sumergí en la cultura italiana. Escuché a Lino y a Giuditta comunicarse en el dialecto de la zona y comí pizza y polenta. Hablé en italiano. No me permitieron llevarme el acordeón a Verona, pues decidieron que esos tres días estaba de vacaciones, y me llevaron a coger setas a los confines cisalpinos. Recordaré siempre como un remanso de paz esos tres días en ese pueblín bresciano del que tanto me había hablado Manu, el italiano de Cartagena, cuando años antes me visitó en León en su Camino de Santiago, y cuando nos traía sobrasada de su tierra, y cuando nos hablaba de su padre, de su madre y de su hermano, con quienes estaba ahora, compartiendo esos días, impregnado de lleno por la cultura y la hospitalidad lombarda.

 

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Fui a dormir a aquella inmensa cama en la que descansé con fuerza. Como descansaría Dante cuando abandonó su propio infierno. Como descansaría cualquier alma al alcanzar esa vibración libre de los miedos previos y que está a punto de comenzar a caminar en otra tonalidad. Dormir profundamente, absorbido por el otoño y el olor a chimenea y a hogar. A casa… porque esas tierras lombardas de llanuras verdes, atravesadas por la vía de tren, con las cordilleras al norte, con el marrón de la hoja seca y la humedad fresca, huelen a León, a Bierzo, a Maragería, a Cepeda…

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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