Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 28/03/2017
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Miguel García Bañales
13/10/2014

Una rosa en San Andrés

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-Buenos días mi brigada -dice el anciano.
 
- Hola, hace frío, ¿verdad? – dijo el brigada, frotándose las manos.
 
-Ya sabe usted como pega a estas horas aquí en el cementerio ¿A quién traen hoy?
 
-A Balbina de Paz. Muy buena gente, lo dice todo el mundo, ¿no? –dijo el brigada.
 
-¡Ah! 'La chata' de San Andrés, 'la costurera'-dijo el anciano-. Bueno, algún vecino dice que no. Dicen que era muy roja y que se metía con la gente.
 
-No se crea todo lo que dicen -dijo el brigada-. Mire usted, antes de la República era muy de derechas y muy religiosa, incluso iba de penitente descalza en las procesiones, después cambió. Se enamoró de Carro, el Alcalde,  y dicen que perdió la cabeza.  Claro, no entienden que uno puede enamorarse y aspirar, a la vez, a un mundo mejor. 
 
-Pero dicen que enseñaba a las niñas de la escuela a cantar  la Internacional  y a levantar el puño.
 
- Eso no es cierto; dicen que, también, llevó a las niñas a cantar ¡Rusia sí, España no! cuando llegó el Alcalde del 'destierro'. La maestra dijo que es una gran persona  y, no solo, certificó que es todo falso, sino que fue contundente y dijo: “en absoluto tenía contacto con las niñas”, y sobre el tema “no lo hubiera consentido”. La envidia ajena no la dejó vivir desde que pusieron la escuela para niñas en su casa, no habiendo otro local: incluso intentaron recoger firmas para quitársela. Tan mala y tan extrema no debía de ser pues, cuando el Ayuntamiento y el Gobierno eran de derechas, no se la quitaron. También, creo que ahí empezaron sus problemas con la gente devota del barrio que no querían la escuela en su casa, quizás temían que se 'pervirtieran' las niñas. 
 
- ¿Es verdad que montó un conflicto grave en la mesa electoral  del mes de abril del 36?
 
-Eso tampoco es cierto. Ese día el presidente no quería firmar el acta de constitución de la mesa  y Balbina  le obligó a hacerlo. El hecho es que cuando entró el juez municipal el presidente tenía alzada una silla para lanzársela o pegarle con ella. Alegó éste que le había insultado grosera y gravemente: Balbina le llamó cavernícola. Esto lo resolvió el juez con el relevo del presidente.
 
-¿Y qué me dice de lo del hotel de la estación? –dijo el anciano.
 
-Otra mentira más, dicen que hubo rumores de que incitaba a los mineros, no se demostró. Sí es verdad que algún minero robó en el hotel y asustaron y amedrentaron a la viuda que se encontraba, solamente, con su hijo pequeño, pero, también, es cierto que fue el 'Francés' el que  obligó a los mineros a devolver las quinientas pesetas que le habían robado. Ya sabe, Víctor, 'El Francés', uno de los nueve que mataron en febrero del año pasado y que mandaba una de las patrullas que puso el Alcalde para dar seguridad a la ciudad. Hay que ver qué barbaridades, qué injusticias, tanto lo de estos últimos como lo del Alcalde Carro y el médico Cortés, que no habían hecho nada, de nada: simplemente, por cumplir la legalidad. Dijeron, también, que Balbina se había marchado en el tren con los mineros, porque la vieron en la estación al salir y al volver el tren: esto, también, es falso. 
 
-¿Y eso de que iba armada y que amenazaba a la gente?
 
-Falso, mire ese día, cuando los sucesos del Ayuntamiento,  y durante la noche dos falangistas de San Andrés, que ya la acechaban y perseguían de antes, le derribaron la puerta y registraron su casa sin encontrar arma alguna. Después se lo imagina: vaso de agua, vejaciones, corte de pelo, ricino, y, si cuadraba, abusos o violación, aunque ella nunca ha manifestado nada.
 
-Sí, me lo imagino, como a otras, pero entonces: ¿por qué la fusilan? 
 
-Pues no lo sé, la condenaron por lo que me iba usted diciendo, a pesar de no estar probado.  No se lo va a creer, pero la condenaron por “trascendente y perversa” en los daños, en “abstracto”, al Movimiento Nacional: escalofriante. Tenga en cuenta que la juzgaron en el cuartel de El Cid en León, seguramente si la hubieran juzgado aquí  no la hubieran fusilado.
 
-¿Y todas esas acusaciones quién las hizo o las promovió?
 
-El juez instructor le preguntó por segunda vez al párroco de quién había salido la acusación, pues el juez algo sabía y tanta contradicción indicaba una presunta y burda conspiración contra Balbina: el párroco reiteró que de los vecinos.  A Balbina le achacaron problemas religiosos diversos. Que insultaba a los que iban a misa. Que una o varias veces al pasar la procesión del Santísimo, estando ella en la puerta de casa, se dio la vuelta: cuando, seguramente, lo que hizo fue entrar en su casa, ya que no se denuncian nunca, ni desprecios ni blasfemias: el párroco, que debía de estar presente, no hace la mínima mención a esto. Y así múltiples relatos de amplio espectro, además del religioso, que se desvirtúan: algunos se sacan de contexto. El párroco dirá que los vecinos clamaban: que habiendo matado a aquellos inocentes (se refieren a Carro y Cortés, así como a Víctor y los fusilados con él) comparados con Balbina: ¿cómo se podría tener en libertad a ésta que era peor? ¡Perdone señor, que llega la tropa!
 
Seis y media de la mañana, desfiló la tropa y pasó Balbina. Miró con ternura y tristeza al anciano y al brigada. Entonces, Balbina dijo: ¡salud! Al anciano se le saltaron unas lágrimas, pero no contestó. Formó la tropa  el cuadro frente al muro oeste del cementerio y el oficial ordenó el fuego. De la tropa alguno también lloró, puede que alguno no le disparara. Cedió el cuerpo y entonces el oficial le dio el tiro de gracia. Formó la tropa otra vez y desfilaron al Cuartel. En fin, una rutina más, como el que va  a cazar.
 
-Dirán que una roja menos -susurró el brigada al oído del anciano.
 
-No mi brigada, desde hoy  hay una rosa en San Andrés –le contestó.
 
-¡Le veo menos patriótico!
 
-Yo mi brigada sobrevivo y a usted lo veo poco patriótico también. Salud, mi brigada. 
 
El brigada, indeciso e inseguro, no sabía si decir salud, pero al final, la vida es así, susurró: adiós señor.
 
Balbina de Paz García, 46 años, soltera, de buena presencia y esbelta, parece culta, honrada, de buena moral, de carácter amable y cariñoso, parlanchina, protagonista y reivindicativa, modista, vivía sola en la Corredera Baja del barrio de San Andrés y falleció el 7 de marzo de 1938. No era de las Juventudes Socialistas como dijeron: era un 'poco' mayor para eso y dirá que no estaba afiliada, aunque sí simpatizaba. Para una mujer que vivía sola, independiente social y económicamente, y que tenía inquietudes intelectuales y/o políticas fueron unos años muy difíciles: debía de ser muy valiente para reclamar sus derechos en aquel momento, y más en una ciudad tan pequeña y peculiar como Astorga. Su único problema es que vio en la República la liberación de la mujer fuera de lazos morales, religiosos, sociales y económicos, como tantas y tantas mujeres: en resumen, el derecho a decidir su vida, por eso la defendió. Lo siguiente, lo conocemos: vuelta a “la minoría de edad legal” y a “los principios de sumisión al hombre”, como marcó Pilar Primo de Rivera.
 
Mi reconocimiento afectuoso a Balbina para que no quede en el olvido la gran injusticia que se cometió contigo.
 
¿No se puede poner una rosa en San Andrés?
 
Nota: este texto esta basado en las manifestaciones recogidas en los  documentos oficiales y algún testimonio oral, excepto los personajes  del diálogo que son  de ficción.
 
Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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