Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 11/12/2017
Secciones
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Miguel García Bañales
13/10/2014

El porqué de la Memoria Histórica

 
A ti que sufres tanto con estos temas.
 
Finalizada la Guerra Civil la labor de propaganda del nuevo régimen desvirtuó la realidad hasta unos límites insospechados. Esto, unido a la terrible represión, no solo durante la Guerra, sino también después, produjo un terror que se mantuvo durante muchos años, e incluso llegará hasta hoy.
 
El miedo y, también, el sentimiento de no trasmitir el odio en el seno de las familias produjo un silencio, que se mantendrá muchos años, incluso después de caída de la Dictadura. La hábil propaganda extenderá, también, un sentimiento de culpa en parte de las familias, ya que el desconocimiento de la verdad y el reiterado mensaje de los “asesinos rojos” calaba profundamente: todos eran asesinos de curas y monjas, destructores de la moral, revolucionarios y terroristas. 
 
Había publicaciones del lado republicano, pero se imprimían en países extranjeros, y tenían su entrada en España, solo clandestinamente. Comenzada la democracia se escribirá mucho, pero siempre con un marcado tendencioso de ambos lados. Al no tener acceso los historiadores a los archivos, especialmente, a los judiciales militares, ocasionará una bibliografía, excesivamente generalista y poco gratificante para lo particular, es decir para las familias de los reprimidos. Algún historiador tendrá acceso a estos archivos, pero siempre serán por ser muy leales al régimen, apologistas,  o por ser militares.
 
En el año 1985 se publica la Ley de Patrimonio, la cual liberaliza el acceso a los archivos (cualquier español puede hacerlo), pero no será efectivo hasta el año 1995 en el cual el Tribunal Supremo ya define, perfectamente, el acceso libre. Desde este momento todo cambiará, ya se habla de datos concretos que afectan a personas concretas, y las familias comienzan a hablar: lo cual facilita muchos testimonios orales.
 
Desde el 1995 ya se plantean, de manera firme, por parte de las familias de los reprimidos, dos cosas: la primera, ¿cuál es la historia de mi familiar?, y la segunda, en el caso de desaparecidos, ¿dónde está? 
 
En el año 2000 se levanta la primera fosa en el Bierzo y se crea la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, con la finalidad de recuperar a los desaparecidos, lo cual precisa ya de un estudio histórico riguroso  y de  una financiación, que le permita acometerlo con eficiencia, con técnica y con rapidez, ya que, poco a poco, se va demandando cada vez más.
 
En el año 2006 se crea AERLE, aquí en León, cuya finalidad es profundizar en el proceso histórico y poner la documentación a disposición de las familias, y, también, su ayuda. 
 
Con estas dos asociaciones parece que se completa lo que se demanda, aquí en León, y se puede cubrir las dos necesidades de las familias, ya citadas: ambas asociaciones estarán ya subvencionadas.
 
En diciembre del 2009 se aprueba la Ley de la Memoria Histórica y se provoca el conflicto político. La ley resuelve ya los problemas que tienen las asociaciones con las autoridades, registros civiles, con los particulares y otros, afectados por las fosas, que desde el principio fueron muchos.
 
El conflicto vendrá ya que en la proposición no de ley, aprobada por unanimidad, sobre “el reconocimiento de todos los hombre y mujeres …” del año 2002, se acuerda sacar del marco parlamentario estos temas. Pero, también, es verdad, que el Tribunal Supremo en sentencia del 2009 dice: “la búsqueda de la verdad, desaparición de familiares sin conocer la verdad de los hechos acaecidos, el lugar de fallecimiento y de su enterramiento, es una pretensión tan legítima como necesaria. Corresponde al Estado a través de otros organismos y debe contar con el concurso de todas las disciplinas y profesiones, especialmente a los historiadores”. Ya en el 2008 la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional había dicho: "esta resolución no afecta al legítimo derecho de las víctimas de la guerra civil –todas- y la dictadura del general Franco, de recuperar los restos de sus seres queridos, dignificarles y honrar su memoria…".
 
El conflicto se retrotrae a la Ley de amnistía del año 1977, que fue votada por mayoría, con la abstención del Grupo Popular, pero veamos en qué condiciones: a principios de ese año se legaliza el Partido Comunista, lo que creará un conflicto institucional al renunciar el ministro de Marina y negarse el resto de los almirantes en activo a cubrir el puesto dejado vacante. La legalización, simplemente, persigue integrar todas las fuerzas políticas en las próximas elecciones. Establecido el parlamento democrático era imprescindible dejar fuera las rencillas y los odios dimanantes de la Guerra Civil, por lo menos en ese ámbito, y liberar de los efectos, posiblemente, reclamables judicialmente de los afectados, de ambos lados. Esto es lo que provocará la aprobación de la Ley de Amnistía, llamada, también, “la del perdón o de la reconciliación”. Esto lo ratificará el Supremo, en la anterior sentencia citada, diciendo que era imprescindible para poder desmontar el estado franquista y convertirlo en un estado social y democrático: le llamará, también, de reconciliación.
 
En estas fechas, un alcalde, de la familia Primo de Rivera (con muchos fallecidos en su familia), se manifestará, públicamente, que no solo hay que perdonar, sino dignificar y, también, respetar a los vencidos. En el tiempo se rehabilitará a los funcionarios públicos afectados, tanto profesional como económicamente. Pero, ¿qué sucedió después?: pues que la mayoría de la simbología y referencias se mantuvieron en el tiempo, las personas no fueron dignificadas, y los desaparecidos seguían en las “cunetas”. Habrá excepciones, pero pocas, y las referencias se mantendrán en el tiempo hasta fechas muy cercanas: muchas aún siguen. Habrá un caso muy temprano como fue el de Ferrol, que quitó las referencias del callejero, ya en 1981, aunque la enorme estatua de Franco no se quitó hasta el año 2002: en la mayoría de las localidades se optará por la permanencia. La Ley de la Memoria establecerá un marco jurídico para poder quitarlas.
 
[Img #4816]
 
Aunque hemos enmarcado el conflicto por el proceso de la Ley de la Memoria, esto empezará ya antes de las elecciones del 2004; aquí, en la zona de Astorga, se oían rumores de que el mayor asesino de León había sido el “abuelo” de Zapatero. Lo que es completamente falso, conozco el tema desde hace años e incluso he escrito sobre ello: era una excelente persona y no participó en ningún suceso sangriento. Zapatero, en el discurso de investidura del 2004, terminará con unas palabras de su abuelo: “Ese ideario es breve: un ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes”.
 
En septiembre del 2004 se crea la comisión interministerial para las víctimas. Es entonces cuando entra en juego la política y algún medio de comunicación, le acusarán de venganza, de abrir heridas, de querer ganar la guerra y otras. Pero el mensaje, que más cala, será: ¿porqué se quiere remover? Aunque, enmascaradas, se ven aquellas palabras de Girón, el falangista, no confundir con el maqui: !no nos arrancarán la victoria¡ La ley es inocua con respecto a los vencedores, pues solo habla de dignidad, de fosas y de símbolos: el único tema polémico será si Franco debe estar o no en el Valle de los Caídos.
 
¿Porqué se quiere 'remover'? Es muy sencillo: las víctimas de los vencedores se recuperaron la mayoría, algunas no, y se hizo por disposiciones del año 1937 y del año 1939. Las víctimas de los vencedores se dignificaron todas, menos las que se despreciaron por el régimen, que, también, las hay. 
 
Muchas veces el repudio procede, incluso, desde el punto de vista religioso, pero no se corresponde con la caridad cristiana, es decir con la obra de misericordia que dice: “enterrar a los muertos”. Hoy que se beatifica continuamente a víctimas  de la Guerra Civil, jamás se oye nada en contra: ¡claro, no podía ser de otra manera! Hoy el Sr. Sutil escribe sobres las víctimas de los 'maquis' enMaragatería: ¿se pronuncia alguien en contra? Pues no, ya que creo que la mayoría admite que las víctimas hay que respetarlas todas.
 
Hace unos meses en un artículo aparecía una crítica al monumento, que hay en el cementerio, por las personas que se glorifican allí de manera general. En Astorga fusilaron sobre 400 personas presas en la cárcel del Cuartel, alguna, también, de la cárcel del Partido Judicial. Todas ellas se enterraron en el cementerio, excepto las que los familiares recogieron y enterraron por su cuenta, es decir casi todos se enterraron y fueron pasando al osario una vez que por necesidad de espacio se enterraban nuevos fallecidos, ya que la mayoría no procedían de Astorga. En el osario, además de estos, están los del asilo de ancianos, me imagino que los del hospicio, algún transeúnte desconocido y algún otro. A los que fusilaron, lo hicieron por su afinidad al gobierno republicano, de una o de otra manera. Hace años buscando a un fallecido llegué al osario, lo que observé no me pareció digno y así lo transmití. Hoy se recoge allí un humilde monumento y se les recuerda periódicamente: ¿qué problema hay en ello? No se porqué se puede molestar alguien, aunque, quizás,  el autor del artículo, veladamente, pide que se relacione todos aquellos que se reprimieron por ser republicanos y no de manera general: no sería mala idea recordarlos nominalmente, aunque creo que sería laborioso, penoso, caro y muy difícil.
 
¿Porqué hay que sacar los símbolos? Hoy, rápidamente, se moviliza la sociedad cuando hay puesto el nombre de algún terrorista, fundamentalmente, por respeto a la víctimas. ¿Porqué hay que mantener las calles con los nombres de los máximos represores, sin ninguna vinculación con la ciudad donde están puestas? ¿No merecen sus víctimas ese respeto?
 
¿Hay venganza o revancha? Pues, también, no. He ido a varios actos de temas de este tipo y lo único que he visto es dolor y lágrimas, muchas lágrimas. No he visto jamás sentimiento de rencor ni de venganza. Pero, aunque lo hubiera: ¿no es justo? Hay una frase que define muy bien esto: “la memoria propia no se expropia” ¿Es que no tienen las familias derecho a llevarlo a su manera? En mi largo trabajo he hablado con muchas familias y me he encontrado de todo, desde el repudio al familiar, el que no quiere saber nada, el que se desespera por encontrarlo y el que lo quiere dignificar: ¿Quiénes somos nosotros para juzgar esto? Todos, con las posturas que tomen, deben de merecer el máximo respeto.  La ley habla de perdón en el plano institucional, pues no puede ni debe entrar en le ámbito particular.
 
¿Qué pasó en Astorga en estos años? Pues, lo que en muchas otras ciudades, mucho olvido.  El Sr. Jáuregui, Ministro de la Presidencia, en un artículo, El País” 21/04/2010, decía: “Decidimos perdonar sin olvidar, aunque fuera cierto que perdonaban más quienes más sufrieron durante 40 años la represión de los vencedores y aunque sea evidente también que olvidamos demasiado, confundiendo durante demasiado tiempo, perdón con olvido”. Parece un poco tarde, ¿no? La de aquella Vicepresidenta 1ª De la Vega, en el artículo, El País” 10/05/2010, con motivo del homenaje de los españoles en Mauthausen dijo: “Las víctimas del nazismo, del fascismo y del franquismo no han sido ni serán victimas del olvido” “Sólo el silencio engendra el olvido y el olvido de los que tanto dieron es la peor, la más insoportable de las mentiras”: ¡qué tarde se dieron cuenta!, ¿verdad?
 Hay un hito muy importante en Astorga, que fue cuando el alcalde, D. Luis González, a principios de los 80, le puso el nombre Alcalde Carro Verdejo a una calle. Es de  agradecer un sentimiento tan generoso, a pesar del riesgo “político”: mi reconocimiento a D. Luis, aunque discrepemos históricamente.  Más tarde la ausencia progresiva de referencias, el homenaje al General Martínez Cabrera, los nombres de las calles a Ildefonso y Bernardo, la desaparición, por fin, de algún personaje tenebroso del callejero astorgano, como fue Queipo de Llano, y  la restitución de la deuda histórica a Gabriel Franco, colocándolo en el Ayuntamiento, ya con anterioridad se le había puesto una calle.
 
De otras ciudades, la que más conozco es La Coruña, siguió el mismo tránsito, quizás fue más lento aquí, aunque las características de las ciudades son diferentes. Se podía hacer más en Astorga, seguramente sí, pero claro es muy fácil juzgar a posteriori. Era básico, de aquella,  conocer la historia de la ciudad en esa época, pero como hemos visto hasta el año 1995 no se podía. Hoy se demanda, de ambos lados, hacerla. Lo que sí es preciso hacer, por que, también, se demanda, es una serie de artículos para que se vea que los “rojos” no eran tan malos, que los “azules” no eran tan buenos y que las víctimas hay que dignificarlas todas, aunque aquí, como se sabe, solo se dieron las de un lado. 
 
¿Cómo se puede dignificar y enterrar hoy? Pues cada vez es más difícil, puesto que desde finales del 2011 las asociaciones no reciben subvenciones. Hoy siguen, con medios precarios, trabajando y con una gran limitación técnica por la falta de dinero; hoy prácticamente se nutren con el dinero de los asociados y la aportación de algún particular, que no es mucho, y con abundante ilusión y altruismo: mi gran respeto hacia ellos.
 
En Estébanez, parece ser que están en el monte dos fosas  de personas procedentes de Astorga: una de finales de julio y otra de principios de noviembre  de 1936. El Estado, como dice el Supremo, tiene la obligación de buscar y desenterrar a los desaparecidos: creo que, si el Gobierno no lo hace, otras administraciones deben de participar en esto, ¿no?  Hay que buscar lo que el Supremo llama “la verdad” y el Estado somos todos: ¿no?
 
Ya he publicado varias veces, que creo, además firmemente, que es una obligación moral de los descendientes de los vencedores ayudar, respetar e, incluso, impulsar  estas cosas.
 
Un recuerdo afectuoso a Miguel Carro Verdejo e Ildefonso Cortés Rivas fusilados, en las tapias del cementerio de Astorga, el día 16 de agosto de 1936, a las cinco y media de la mañana. 
 
No quisiera olvidarme: ¿No se puede poner una rosa en San Andrés?
 
Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress