Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 12/12/2017
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El Solito Trovador
13/10/2014

Un año ya...

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Hace un año a estas alturas comenzaba un viaje que tenía fecha de partida pero cuyos principios se basaban en carecer de rumbo preestablecido y de fecha de final. Era un viaje hacia mí mismo por las tierras europeas. Sabía tan solo que me dirigiría a Jaca y que desde allí saltaría los Pirineos, a la deriva, a bordo del velero que habíamos construido en Estudios Feelson.

 

Esa era una de las causas del viaje. Promocionar el disco en los mejores escenarios del viejo continente: sus calles. Y así fue. Las calles de Burgos, las de Pamplona y las de Jaca fueron testigos directos de las primeras canciones del viaje. Al calor de la catedral burgalesa sonaron los primeros acordes peregrinos, recompensados por un vaso de vino que abrió una de las primeras charlas internacionales del periplo, con caminantes de Francia, Suiza e Italia, que parecían presagiar lo que vendría las semanas y meses siguientes. También había una fisterrana que se dirigía por el Camino de Santiago hacia su tierra. Después de estar con ellos, seguí cantando a orillas del frío castellano que traía el Arlanzón. Pamplona y Jaca se llenaron también de anécdotas pre-pirenaicas inspiradas por las horas de música callejera.

 

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En Lausanne me hice con un permiso con el que, tras pagar unos cuantos francos, pude tocar durante varios días dentro del mes en el que tenía vigencia la autorización, y como no se me permitía quemar esos días seguidos, aproveché para convertir la capital valdense en un paréntesis de mi primera incursión en el profundo, urbano, histórico y rural estilo italiano. Hice de Flon y de la parte medieval de Lausanne un antes y un después. Un contraste necesario con la Emilia-Romagna de Modena, Regio Emilia y Bologna, abismo en un primer momento (la brutal divergencia de estilos o modos de transcurrir entre Suiza e Italia no dejan indiferente) y renacimiento interior después (la bella y vieja bota de Europa no muestra sus encantos a la primera de cambio, pero cuando se mete en el alma del viajero, lo impregna y enamora para siempre). Modena me enseñó a llorar en italiano, pero también me ayudó a balbucear mis primeras palabras y a apreciar la incomparable belleza musical del idioma. Regio Emilia me secó las lágrimas y me guiñó el ojo y Bologna me mostró el camino.

 

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Y ese camino continuaba por el norte, sumergiéndome en la amabilidad y la hospitalidad de la hermosa Padova; buceando por la introvertida e iniciática Bergamo; descansando en la piccola Travagliato; paseando la señorial Verona y redescubriéndome en las entrañas de la humilde, silenciosa y mágica Brescia, para despedirme desde Milano de una quincena de días que me acompañará durante toda la vida…

 

Y aquí termina esta crónica especial, esta crónica que celebra el primer año desde que empezó la aventura. Aquí termina, porque hasta Travagliato llegaron las narraciones previas publicadas en AstorgaRedacción y porque si continúo, seguiría desvelando trazos de ese camino que más vale que sea contado con la intimidad de los detalles de cada etapa.

 

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