Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 23/03/2017
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Manuela Bodas Puente
20/10/2014

La montaña roja

El viento lamía con fuerza la piel de su cara, a ratos tenía que volverse de espaldas para no sentir la furia con la que Eolo se había despertado aquel día. Muy cerca de la cima, se sentó a descansar durante unos minutos, comprobó que sus garrafas estaban bien colocadas en sus fundas colgadas de cada punta del varal que él portaba, y se levantó para seguir hasta el final.

 

Él había heredado el puesto de porteador de su padre, su padre de su abuelo, y así hasta que se perdían los recuerdos en el tiempo. Lo que sí era seguro era que uno de sus antepasados había sido el descubridor del tesoro de la montaña roja.

           

La leyenda contaba que un hombre que huía del mal de amores, se había adentrado en la montaña y se había herido al caer a un precipicio muy hondo que estaba en la cima de la misma. En aquel precipicio, manaba un venero rojo del que el hombre bebió ávidamente, entonces notó que sus heridas se cerraban, su energía volvía a darle fuerzas y que sentía la vida correr por sus venas como un milagroso río de ganas. El hombre entonces recordó que en su poblado había varias personas enfermas y se le ocurrió llevarles un poco del líquido rojo de aquel manantial que había descubierto. Se quitó la bolsa de cuero que llevaba colgada en la cintura, la rellenó de hojas para impermeabilizarla, así llegaría la máxima cantidad de líquido a los enfermos, luego se dispuso a trepar para salir de la sima y volver rápidamente al pueblo.

           

Así fue como se convirtió en el hombre del líquido rojo, que salvaba y daba sosiego a los enfermos de su comunidad. Tanto que él también notó que hasta su mal de amores se iba sanando con aquellos tragos del rojo tesoro líquido que había encontrado en la cima de la montaña. Ninguno supo entonces que la sangre de la montaña, les renovaba su propia sangre en cada trago. Que la sangre que nos ha dado la naturaleza es sagrada y es de todos, y que compartiéndola, nos hacemos más montaña y más dignos de nuestro nacimiento y de nuestra muerte.

           

Esto quería contaros para recordar que el próximo 24 de octubre, viernes, en la Biblioteca del I.E.S 'Órbigo', podremos depositar un poquito de nuestro líquido rojo en las bolsas de la vida y donársela a los que necesiten darse un buen trago de vida o de bienestar para sus cuerpos heridos o enfermos.

           

Mordida existencial: Una mordida muy cariñosa para todos los donantes de sangre, que con su solidaridad y empatía demuestran que el género humano, todavía tiene una montaña roja de la que sacar el sagrado líquido de la vida.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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