Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 17/10/2017
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Miguel García Bañales
1/11/2014

La masonería en Astorga (1933-1936)

La masonería nace como una necesidad en las organizaciones (cofradías)  de constructores de la época medieval con dos objetivos claros: la formación y el mantenimiento del secreto de los avances constructivos. En su evolución nos encontraremos, con ese residual de secretismo, las reuniones (tañidas) y los “apodos” (nombres simbólicos), y, también, con la jerarquía de carácter inicial y funcional, es decir los grados básicos o simbólicos, que de menor a mayo son: aprendiz (1º), compañero (2º) y maestro (3º). El resto de los grados, complementarios del de maestro, hasta el 33º serán, como los anteriores, cargos en función de unos requisitos de formación humana y de antigüedad en años. Trascurrido el tiempo encontraremos en la masonería,  además del interés por la formación del ser humano,  la educación humanista y, fundamentalmente, la filantrópica, es decir  la preocupación por los demás.

 

La masonería entra, fundamentalmente, con Napoleón en España, aunque ya estaba desde 1728, pues había estado perseguida por la Inquisición (era imprescindible el secreto) a lo largo  del siglo XVIII y es la entrada de los franceses la que provoca la disolución de esta. Tras diversos avatares de persecución, ya que volvió la Inquisición, y, al desaparecer esta otra vez, será a partir de 1868 cuando se ejercerá con plena libertad. La Iglesia la excomulgará en 1917, pero, a pesar de ello, habrá masones que serán católicos.  Alcanzará su auge en la Dictadura de Primo de Rivera con el objetivo de conseguir los fines de la Liga de los Derechos del Hombre, constituida en Francia en 1898, y que se plasmará en época republicana en la Constitución Española de 1931.

 

Durante la República, al principio, en las Cortes Constituyentes había más de 140 masones de los 450 diputados, aproximadamente. Además, de los primeros ministros de dicho período, prácticamente, su totalidad eran o fueron masones: Azaña (grado¿1º?, nombre simbólico Plutarco), Lerroux (33º, Giordano Bruno), Martínez Barrios (33º, Verginaud, fue Gran Maestre del Oriente Español), Portela (33º, Voluntad) y Casares Quiroga (18º, St. Just): la únicas excepciones fueron Chapaprieta y Samper. Del presidente del Gobierno Aniceto Alcalá Zamora se dirá que era masón, pero no es verdad. En el transcurso republicano, la conspiración lanzará la especulación del contubernio judeo-masónico-comunista, conceptos tan contradictorios (Franco en su libro sobre la masonería, de 1952, reconoce que son antagónicos), e inicia una campaña de desprestigio y, posteriormente, de persecución y de exterminio en la Guerra Civil. Se culmina la campaña de desprestigio con la alocución, en 1935, del diputado Cano, comprometido en el Golpe de Sanjurjo, en las Cortes señalando a varios generales como masones, la mayoría de los nombrados no lo eran, y tiene como finalidad no solo la de mostrar, sino de apartar o perseguir, ya que entorpecen sus fines de sublevación. A partir de lo de Cano, la prensa de derechas y católica calentará ya el ambiente contra la masonería. Lo fundamental es dejarla a un lado,  ya que fue la promotora de la llegada de la República, era esencial en su permanencia (era el centro de gravedad del régimen, como ya hemos visto) y defenderá la misma contra la sublevación: la defendió contra las dos dictaduras que podían preverse.

 

Curiosamente, en una revista francesa se señalará a los generales Sanjurjo y Mola como pertenecientes a una logia, llamada “Fraternidad Militar”. De los generales Aranda y Franco se dirá que fueron rechazados para ingresar en la masonería. Normalmente, la selección para el ingreso venía por recomendación de algún miembro (hermano) y, fundamentalmente, por los buenos antecedentes personales, que se recogerán de varios informantes. No merece tanto desprecio el masón cuando intentan implicar (o implican, lo más seguro) al masón Alejandro Lerroux en el golpe de Sanjurjo o cuando involucran a los generales masones Cabanellas y Ochoa en la sublevación: es decir, cuando interesa son buenos y cuando no son malos.

 

A León llegará la masonería de la mano de un maestro de enseñanza, Cayetano Pérez Pérez (grado 3º, nombre simbólico Reclus), procedente de los “valles” (lugar) de Gijón y de la Logia Jovellanos (entidad base): el cual fundará, en 1928, el triángulo (entidad menor) Libertad en León capital. De este será miembro Alfredo Nistal (3º, Ariel), funcionario de Correos y  diputado socialista en la época republicana: Nistal estuvo hasta los años 20 destinado en Astorga con el que será Alcalde, Miguel Carro, y fueron muy amigos. Una vez que dicho triángulo adquiere el nº superior a siete miembros y los recursos suficientes se constituye la Logia Emilio Menéndez Pallarés en agosto de 1933. De esta logia serán miembros el capitán Lozano (2º, Rousseau), fusilado el 18 de agosto de 1936, el capitán  Rodríguez Calleja (se inició) y el teniente Emilio Fernández (¿?), ambos huidos de León el 20 de julio de 1936: los tres serán los únicos militares en activo que se mantendrán leales a la República en León.

 

Corre el mes de julio de 1933 y en Astorga se crea el triángulo Astúrica dependiente, también, de la Logia Jovellanos de Gijón. Lo fundará el teniente Alejandro García Menéndez (3º, Alejandro Dumas) antiguo masón y destinado en Astorga en el cuartel de Santocildes. Este tomará el cargo de venerable maestro, es decir es el que dirige el triángulo. De los miembros de ese momento tenemos a Luis García Holgado (1º, ¿?), socialista, funcionario de correos, “desterrado” en 1934, y paseado en Hervás en 1936: dicen que no volverá a Astorga, excepto para ser enterrado; quizás, por marcharse de Astorga a Hervás, se quedó en el grado 1º (referencia documental de la familia por Internet), ya que probablemente se desligó de la masonería; Miguel Carro Verdejo (3º, Torres),  socialista, funcionario de correos, “desterrado” en 1934, y fusilado en Astorga en 1936; Dámaso Cansado Cansado (3º, ¿?), socialista, cobrador del banco Herrero, actor teatral aficionado, estudiante de derecho y fusilado en León en 1937; Mateo Tagarro Martínez (3º, Plutarco Díaz Calles), industrial y de Izquierda Republicana: creo que se salvó por estar muy bien considerado en la ciudad y por su valentía durante la Guerra en el lado sublevado; José Carro Verdejo (2º, ¿?), socialista, vigilante de caminos y capitán republicano en la Guerra Civil: se exilió a Argentina. Parece que José Carro sólo es grado 2º, porque se marchó destinado a Madrid a mediados del 34: caso similar a Holgado.  Ya a  finales del 33 llegará destinado a Astorga el inspector de policía Paulino Romero Almaraz (3º, Pablo Iglesias), antiguo masón, de izquierdas y más tarde socialista, el cual tomará a principios o/y a mediados del año 34 el cargo de venerable por la ausencia de Alejandro que está destinado fuera de Astorga. Paulino pasará, en cargos importantes, la Guerra en Madrid, Asturias, Valencia y Barcelona: se exilió a Méjico. Rápidamente y  a pesar de no tener los requisitos por antigüedad (7 años) ascenderán al grado de maestro (3º) por necesidad funcional: lo mismo sucede en el triángulo de León. Las tañidas (reuniones), hicieron muy pocas, las harán, presuntamente, en casa de Dámaso, en algún café  o en cualquier otro lugar, y tratarán temas de organización y asuntos políticos. En el ritual presidirá el venerable, del momento, y actuarán el orador, el limosnero y el secretario. El acto, de manera general, se realiza en un templo (taller) y se formaliza con una presidencia, donde está el venerable, a un nivel más alto. A  un nivel más bajo y a su derecha el orador, de igual manera a la izquierda el secretario. Enfrente y a nivel más bajo que los anteriores el resto de los congregados. En Astorga estos actos se harán de una manera simple y adaptándose a la formalidad anterior. En estos cargos, en el tiempo, además de los venerables citados conocidos, figurarán: Miguel Carro de orador, Mateo Tagarro de limosnero y Dámaso e Ildefonso Cortés Rivas, a este lo veremos después, de secretarios, sucesivamente. En sus principios irán a Gijón a visitar la logia, y, más tarde, fundada la de León les inspeccionará esta logia.

 

Al encontrarme esto, me llamó mucho la atención el porqué de un triángulo formado mayoritariamente por socialistas; fue para mí una sorpresa, pues a lo largo de los expedientes que he visto, que han sido muchos, nunca aparecían socialistas: hubo muy pocos. El porqué parece evidente en las manifestaciones de Mateo Tagarro, en las cuales dice que ingresó por ayudar a los necesitados y conseguir mejoras para las clases humildes: era habitual su preocupación y su ayuda a los pobres en la parroquia de Santa Marta. También, Cansado nos  dice que su participación socialista era por encauzar a sus miembros por derroteros más humanos y más cultos. En la poca documentación, que existe, lo que aparece son siempre solicitudes de mejora para la ciudad: una la de la consecución del Instituto de 2ª Enseñanza, por la oposición de la oligarquía de la ciudad ya que para esta con el Seminario era suficiente, por este motivo se había ido a Ponferrada: es curioso que los que más se quejaban llevarán a sus hijos a este instituto. También, sobre las obras de alcantarillado que demandaba la ciudad, y otra vez con la oposición de la oligarquía. Esto era muy importante para paliar el paro y con el objetivo, también, de mantener en calma la ciudad. Se producirá el conflicto por los pocos puestos de trabajo que se ofrecían, lo cual motivará una manifestación de queja con mucha crispación, que se solucionará ampliando la contratación por la aprobación de más obras. De carácter humanitario se solicitará ayuda para Alfredo Nistal por el problema económico que tenía al estar preso en el cuartel por los sucesos del 34 en León: el diputado Nistal se preocupó mucho por conseguir mejoras para Astorga. También, se solicitará de Martínez Barrios, en 1936, su influencia para que se quede en Astorga Ildefonso Cortés, le destinaron fuera de Astorga: al final se quedó. Parece que la oligarquía local se movía para echar a Ildefonso, siendo un excelente médico y una gran persona. Por todo lo anterior, se deduce que la presunta pérdida de influencia de Gabriel Franco, cesa en el banco de España en mayo de 1933 y el cual consiguió muchas cosas para Astorga, les hizo buscar en la masonería, a modo de “lobby”, más mejoras para la ciudad. El hecho de hacer pocas tañidas, pues era obligatorio hacerlas periódicamente, es indicativo de la poca finalidad masónica: parece clara su finalidad social y económica para mejorar Astorga.

 

En la primavera de 1936 asume el cargo de venerable Dámaso, ya que Paulino es destinado a Madrid. El triángulo no puede convertirse en logia por sus condiciones precarias tanto personales como económicas. Como Mateo Tagarro lo dejó por miedo a la excomunión, en ese momento solo están: Dámaso, los hermanos Carro Verdejo y Ramón Pontones (1º, ¿?), de izquierdas, profesor de dibujo del instituto de 2ª enseñanza de Astorga, de Madrid (por la “mili”) y de Astorga otra vez,  excelente pintor, y que le coge la Guerra Civil en Murcia, donde estaba de vacaciones: esto le salvará, pues a la mayoría (casi todos) de sus compañeros del Instituto les pasearon; empezada la Guerra se hará  comunista, y participa en ella, primero de cartelista y corresponsal de Guerra en las operaciones de Granada que dirigió el general Martínez Cabrera, aunque a mediados de agosto de 1936 pide ir al instituto de Murcia. Más tarde, estará de comisario político, pues está referenciado en el Frente de Aragón en 1938: se exiliará a Méjico y se hará anticomunista. José Carro estará alejado del triángulo por vivir en Madrid, como ya hemos visto. También,  será miembro Ildefonso Cortés (1º, ¿?), médico, socialista, será fusilado junto a Miguel Carro a las 5.30 de la mañana del día 16 agosto de 1936. Vemos que a mediados del 36 sólo quedan cuatro miembros Dámaso, Miguel Carro, Pontones y Cortés. Con posterioridad, se investigará a José Pérez Matanzo, propietario, a Jesús García Gallego, de derechas, médico y alcalde en época republicana (cuando depusieron a Miguel Carro), y a Moisés Panero, director del Banco Mercantil, pero tendrá que archivarse al no existir nada contra ellos: alguna bibliografía dice lo contrario en el caso de Moisés, pero se debe decir, rotundamente,  que no era masón.

 

Tanto a Pontones y a Ildefonso, los más recientes, así como a Holgado y a José Carro, hay que cogerlos con cierto recelo, pues no tienen expediente de masonería y pueden haberlos acusado o referenciado en alguna causa o documento, ya que, al estar muertos o huidos, no tendrá  trascendencia judicial: esto pudo suceder para aliviar la presión de los interrogatorios y/o cumplir los requisitos de retractación. Hay un principio en masonería que dice: si no hay expediente, no se es masón. El haber sido masón no significa que lo siguieran siendo permanentemente. Algunos dejarán de ir (parece el caso de Azaña), otros, además, dejan de pagar las cuotas y otros se darán oficialmente de baja (plancha de quite); aunque se darán de baja, quedarán reflejados como durmientes, así quedan también los que apartan o expulsan: algunos militares por la prohibición de ser masones, o por persecución, serán durmientes “activos o expectantes”. Oficialmente, a efecto de los sublevados, se dejará de ser masón por retractación civil o religiosa: es el caso de Mateo Tagarro y Cayetano Pérez, respectivamente.

 

Durante los sucesos de octubre del 34 Luis García Holgado, que era presidente del comité revolucionario socialista en Astorga, se encontraba tomando unos baños en Guitiriz (Lugo), seguramente se marchó para no participar: esto se lo reprocharon y, también, por esto le acusaron algunos de sus compañeros socialistas. También, Miguel Carro e Ildefonso Cortés, ambos socialistas, se manifestaron en contra de cualquier violencia. Parece claro y evidente que la vía revolucionaria no llegó a Astorga, y  los socialistas se quedaron en la vía reformista (socialdemocracia); esto los hace congruentes con la masonería, pues bastantes aspiraciones, no todas, de ambas son coincidentes: el concepto revolucionario los hará incompatibles.

 

El día 19 de julio de 1936 llegan a Astorga con dirección a Madrid los mineros asturianos, en tren y vehículos, requeridos por el Gobierno. Los del tren los manda el teniente Alejandro García Menéndez, ya conocido: parece evidente que las relaciones anteriores con Alejandro, la firmeza de Carro, ya conocida, y el carácter enérgico de Cortés será lo que evitará el desastre en la ciudad. Cortés, cuando hablan los mineros de quemar las iglesias, oponiéndose, les dirá: ¡Qué culpa tienen los templos! Tanto Carro como Cortés bajarán a la estación para evitar los excesos de los mineros antes de marcharse. Al día siguiente, volverá Cortés a vigilar en la estación el regreso del tren con los mineros, que va hacia Ponferrada, pero, siendo requerido por un herido grave, se ausentará: le sustituye el socialista Belarmino Lassalle. Alejandro continuará viaje a Ponferrada participando en los sucesos ocurridos allí. Cuando entra en el cuartel de la Guardia Civil para pactar y evitar el derramamiento de sangre de los cercados, es decir  los guardias civiles, y  estando en ello, al presentarse las tropas sublevadas que venían de Galicia, fue detenido por el capitán de la Guardia Civil con el cual estaba pactando. Será procesado y fusilado en León el 30 de julio de 1936.

 

El 20 de julio, comenzados los sucesos de la toma del ayuntamiento, Dámaso, que odiaba la violencia, se marchará sólo andando de Astorga y tras varias peripecias llegará a la montaña de León. En enero de 1937 decidirá entregarse al leer las proclamas de indulto para aquellos que no hubieran cometido delito alguno. Detenido, juzgado y condenado: será fusilado en León el 18 de marzo de 1937.

 

En fin, este “contubernio” astorgano-masónico-socialista" parece que se preocupó por satisfacer las necesidades de la ciudad, como prioridad y aprovechando todos los recursos, y, fundamentalmente, además de mantener la ciudad en una calma excepcional e insólita en tiempo  republicano, por evitarle varias veces un tremendo desastre, tanto en el 34 como en el 36.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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