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José Cabañas (*)
16/12/2014

La unificación de las juventudes marxistas leonesas

Ya en el número del semanario socialista astorgano El Combate del 17 de enero de 1936, recién iniciada su segunda época después de ser retirado tras octubre de 1934, se publica una carta de adhesión a la reaparecida publicación fechada el día 12 y firmada desde la prisión de Santocildes por las Juventudes Socialista y Comunista unidas, por Nicolás Antón por las primeras e Indalecio Vallejo por las segundas, jóvenes socialistas y comunistas presos que hacen fervientes votos por la unidad del proletariado español de todos los matices en alianzas obreras a las que desde el semanario prestan todo su apoyo.

 

El primero de abril se habían fusionado las juventudes socialistas y comunistas (sus militancias se habían incrementado desde el triunfo en las urnas de febrero, aunque no se unificarían ahora sus respectivas milicias), dando lugar a la conjunta Juventud Socialista Unificada (JSU), aunque tal unificación no debió de hacerse efectiva en lugares como La Bañeza o Jiménez de Jamuz y los restantes de la comarca bañezana donde los jóvenes socialistas eran abrumadoramente mayoritarios y la existencia de comunistas (jóvenes y mayores) era mínima o inexistente. No hallamos, de hecho, en ninguna de las localidades de las tierras bañezanas referencia alguna a la existencia en el periodo republicano de Juventudes Comunistas ni de la fusionada JSU. “En La Bañeza se intentó la unificación de ambas Juventudes en la JSU, pero no se llegó a producir, ya que casi no había comunistas; había dos o tres del POUM. Anarquistas había varios, pocos también, donde más en el pueblo de Sacaojos, de la CNT. En La Bañeza el grueso de la militancia política pertenecía al socialismo: en la Agrupación Socialista y en las Juventudes Socialistas; después estaban los republicanos: Izquierda Republicana, Unión Republicana…”, nos decía Gabriel González González, antiguo joven socialista, el 2 de noviembre de 2007. Parece que en Astorga sí se produjo la fusión, pues al menos en los decisivos días de la sublevación militar del mes de julio se llamará desde las Juventudes Socialistas Unificadas de la ciudad a trabajadores y jóvenes a oponerse a ella “con las armas en la mano”. La unificación, a la que se habían opuesto desde algunos sectores socialistas y que alarmaría a algunos dirigentes por lo que pudiera representar de pérdida de la entidad de sus Juventudes (con 200.000 afiliados) en la línea política comunista de la organización unificada (cuando la Juventud Comunista no llegaba a los 50.000 miembros), vendría a depender de lo que en cada lugar se decidiera, pues aunque realizarla se había acordado en un Congreso nacional, exigía confirmación regional y local para hacerla efectiva.

 

El día 7 de abril de 1936 informaba La Democracia de que próximamente se realizará en la capital un acto parecido al hace poco celebrado en Sama de Langreo, en el que sellarán los lazos de unión las Juventudes Socialistas y las Comunistas de León (después sería retrasado), y de que “hoy comienzan en la Casa del Pueblo las relaciones entre los diferentes directivos de las dos Juventudes”. El 18 se constituye el comité provincial para su unificación, preparando en breve un congreso del mismo ámbito en el que se acuerde aquella, y se prevé el 21 celebrar el día 25 una reunión conjunta en la que, ya unificadas, se elegirá también conjuntamente al nuevo comité (formado por cinco miembros socialistas y dos comunistas), y la aparición el 30 de abril del semanario Iskra, órgano de las juventudes comunistas y socialistas (la JSU) de León, dirigido por el joven tipógrafo Fernando Blanco Sandoval (del comité provincial de las Juventudes Socialistas), una publicación que “propugnará y luchará por la más cordial unificación marxista y que se colocará en la avanzada del proletariado”, y en cuyo primer número publicaban artículos Teresa Monge Melcón, Elisa Risco, Lucrecia de la Cal, Alfredo Nistal Martínez y Francisco Valverde Álvarez. El último, de San Adrián del Valle, no figura en los censos de represaliados leoneses tras la sublevación, por lo que pudo haber formado parte del grupo de los tres paseados de aquel pueblo en otro cercano, recogidos por sus familiares y llevados a San Adrián, donde después de realizarles la autopsia fueron enterrados en la parte civil de su cementerio (aunque de los testimonios que allí hemos recogido no queda del todo claro si aquellos tres asesinados eran vecinos del lugar o de otro próximo).

 

La Juventud Socialista Unificada de León (que llegaría a contar con más de medio millar de afiliados en la provincia) celebraba el 13 de mayo una junta general, para entre otras cuestiones nombrar delegados al pleno provincial, y convoca el 27 a su sección de Pioneros Rojos en la Casa del Pueblo para acometer una asamblea de unificación dos días después. El 3 de junio, a las siete de la tarde, realizaría la suya la Juventud Socialista Femenina Unificada.

 

El acto público previsto en abril se celebraba en la Plaza Mayor de León el 17 de mayo, organizado por las ya unificadas juventudes socialistas y comunistas, una concentración provincial a la que acudieron numerosos mineros de Laciana y de otras zonas. Hasta la plaza fueron desde la Casa del Pueblo en formación y uniformados, llevando en primer lugar un grupo de niños de las escuelas seguido por otro de mujeres, a continuación las Juventudes de León y por último las de los pueblos de la provincia, que acudieron a la manifestación “portando banderas y estandartes rojos con letreros. Iban por la calle con el puño en alto, pidiendo la cabeza de Lerroux y de Gil Robles, y dando gritos de UHP y vivas a Rusia, al comunismo y a la revolución social y otros parecidos”. Se reunieron unas 2.000 personas entre manifestantes (unos 700) y curiosos, hablando varios jóvenes desde los balcones del consistorio, instalándose a última hora un altavoz y arengando Amor, de Asturias (se trataría de Amor Nuño Pérez, de Cudillero, de 22 años, entonces secretario de la madrileña Federación Local de Sociedades Obreras; sería fusilado en las tapias del Cementerio del Este el 17 de Julio de 1940), que elogió la revolución de octubre y animó a los jóvenes socialistas, comunistas y libertarios a unirse para dar la batalla a la burguesía y al capitalismo. Terminado el acto, los manifestantes se dirigieron a la Casa del Pueblo en el mismo orden. Aprobaron unas conclusiones, pidiendo entre otras cosas la dimisión del gobernador civil de la provincia (según lo narraba al día siguiente El Diario de León).

 

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En la anunciada concentración de las masas juveniles marxistas que sellará definitivamente los lazos de unión entre los jóvenes socialistas y comunistas de esta provincia se realizará el desfile ordenado de nuestras fuerzas hacia el gran mitin de la Plaza Mayor (decía La Democracia), en el que se verían camisas rojas y camisas azules (y también rojas-azules de la fusión, aunque cada organización de las dos unificadas conservó su uniforme tradicional: camisa azul con la hoz y el martillo y las siglas JC cosidas la juventud comunista, y camisa roja con las iniciales JS la socialista), y al que a pesar de la lluvia llegaron muchos jóvenes de lugares como La Bañeza, Veguellina y otros, predominando las mujeres. “La unión juvenil que se celebra será precursora de la unidad del resto del proletariado, con la que conquistaremos rápidamente el poder para la clase trabajadora”. Por tal unidad había trabajado intensamente la joven Isabel Domínguez Vázquez, desde la capital, en la que entonces residía, y con parecida entrega a la desplegada unos años antes en Astorga, donde había sido maestra y delegada en la socialista Federación de Trabajadores de la Enseñanza (FETE), cuando en octubre de 1932 impartía algunas de las conferencias (“misas laicas”, las llamaban) que se celebraban en la Casa del Pueblo los domingos a media mañana en el otoño aquellos años. 

 

Tres semanas más tarde, el 7 de junio, por la mañana y en el Teatro Principal, se realizaba otro mitin en León, en pro de la sustitución de la enseñanza religiosa y organizado por la sección leonesa de la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza y por la Asociación de Maestros del Plan de 1914, del que el vespertino católico dirá haber sido un fracaso; “unas 300 personas pasaron por la Plaza de Santo Domingo en dirección al gobierno civil”. El resto de los asistentes al Teatro (todas las localidades estaban ocupadas) no se sumaron a la manifestación, la mayoría curiosos que iban a ver lo que decían los diputados que no vinieron. Si estuvo el catedrático de historia de la Normal de Palencia, Daniel González Linacero (muy conocido entre un grupo de cursillistas a los que viene cada semana a dar conferencias varios días en una academia según se dice dirigida por su hermano Manuel, Inspector de Primera Enseñanza). Habló primero Gómez Morán, y después una joven por las juventudes marxistas unificadas, que ofreció el apoyo a los maestros. Linacero pidió que cesen en la enseñanza los religiosos, y a los maestros que trabajen para eliminar de sus puestos a sus compañeros de carrera que hacen labor contra la República. En las conclusiones piden, además del fin de la enseñanza religiosa, que se incaute el Estado de los edificios en los que se imparte, y que se aumente el número de plazas para los cursillos” (de acceso al Magisterio, cuyos exámenes estaban convocados en León para iniciarse a primeros de julio).

 

(*) Del libro “LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA” (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas – Valduerna, Valdería, vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga- de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González.

 
 
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