Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 25/06/2018
Secciones
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Andrés Martínez Oria
11/01/2015

John Adams en Astorga

Guardar en Mis Noticias.

Ezra Pound, lo canta en uno de los 'Cantos a Adams', el LXV. John Adams el que sería el segundo presidente de los Estados Unidos, estuvo de paso en Astorga: “4. Martes, cama limpia, sin pulgas por vez primera en España, en Astorga/ los más grandes nabos que he visto/ mujeres maragatas, tan bellas como mujeres indias…”

[Img #13928]

 

 

 



Entre marzo y abril de 2008, la cadena de televisión norteamericana HBO emitía una serie de 7 capítulos dedicada a John Adams, con éxito más que notable, pues ha recibido 13 premios Emmy y 4 Globos de Oro.

 

¿Quién era el personaje representado por el actor Paul Giamatti? El 3 de enero de 1780, llegaba a Astorga John Adams, que habría de ser segundo presidente de los Estados Unidos, de 1797 a 1801. En septiembre de 1779, había sido nombrado por el Congreso ministro plenipotenciario para obtener préstamos de los banqueros holandeses y negociar en París el tratado de amistad y comercio con Gran Bretaña, de la que se acababan de independizar tres años antes y en cuyo proceso había sido uno de los padres fundadores. Con tal encargo se había embarcado en Boston el 15 de noviembre, acompañado por un pequeño séquito en el que figuraban sus hijos John Quincy, de 12 años, futuro 6º presidente, y Charles, de 9, futuro alcohólico, muerto a temprana edad. Los temporales había abierto una vía de agua en la fragata francesa Sensible, lo que le obligó a desviarse de su ruta y fondear en el puerto de Ferrol el 8 de diciembre, donde le visita el cónsul francés en La Coruña. Un par de días después, hace constar en su diario la ceremonia tan española de tomar chocolate, de reconocida fama mundial ya entonces; y el 15 llega a La Coruña, según recoge la Gaceta de Madrid del 24 de diciembre.


El 26 de diciembre, la comitiva abandona La Coruña en caballos, mulas y calesas, y por Betanzos y Lugo, llega a Villafranca el 1 de enero. De forma telegráfica, pero precisa, describe la bajada de Cebreiro, la carretera encajonada entre montes escarpados a la vera del río Valcarce y la excelencia del camino real, cuyas obras habían sido inicialmente dirigidas por el ingeniero militar Carlos Lemaur, reinando Carlos III. Una obra extraordinaria para la época, que facilitaba la comunicación de Galicia con la capital del reino. El 2 de enero llegan a Ponferrada y el 3, lunes, están en Astorga. Mr. Lagoanere, agente americano en La Coruña, le había regalado el ‘Itinerario español’ de José Matías Escribano, una guía imprescindible para moverse por los caminos peninsulares, y había encargado a un contacto suyo en Astorga de que no les faltara nada, incluso dinero, si hacía falta. Que no lo hizo.


La ciudad le parece pequeña, pero hay coches y la gente es agradable. Y sobre todo, encuentra camas limpias y sin pulgas, por vez primera en España. Pasea a lo largo de la muralla y observa desde ahí el magnífico panorama sobre la comarca y las carreteras de Galicia, León y Madrid. Pero es martes, día de mercado, y no deja de observar las verduras, de extraordinario aspecto; cebollas, nabos, coles, zanahorias. También ve a continuación el mercado de leña y carbón, que quizá se situaba ya en lo que es hoy la plaza del Obispo Alcolea. Y encuentra tiempo para visitar el ayuntamiento y la catedral, que le parece incluso mejor que la de León, lo que hace dudar no poco de su solvencia en materia de arte. En fin, nadie es perfecto.

 

 

[Img #13930]

 

 

El tiempo era gélido, el agua se congelaba en los charcos y la escarcha debía de cubrir el amanecer de blanco; pero había sol, como ahora, y fue placentero el viaje a León la víspera de Reyes, por una carretera muy buena.

 

Con la brevedad de quien anota sobre la marcha, consigna la gran llanura del Órbigo y el Páramo, grandes vacadas y rebaños de ovejas de fina lana, y a lo lejos las montañas nevadas, hacia Asturias, brillando bajo el sol gélido de enero. Lo mismo que vemos hoy. León, ya al anochecer, ofrece el aspecto de una gran ciudad.


El John Adams que pasó por aquí un día frío y soleado de enero, con sus hijos, expuestos a peligros y sufrimientos de toda índole, venía de una familia modesta de agricultores establecidos en las cercanías de Boston. Graduado en Harvard, había ejercido como maestro de escuela antes de estudiar derecho para dedicarse al ejercicio de la abogacía. Pero desde siempre le atrajo la actividad pública. El gobierno, pensaba, debe ser elegido para alcanzar la felicidad y la virtud de la mayoría. Fue un poco pomposo y quizá algo chapado a la antigua, de vigor intelectual, obstinado y vanidoso, pero de honor y fe profunda en la democracia, la virtud cívica y la política al servicio de los ciudadanos. Incorruptible, limpio de escándalos. De Tácito toma las cualidades que considera esenciales para el ser humano: libertad, amistad, fidelidad.


De ideas conservadoras, fue defensor del republicanismo, el bicameralismo y la separación de poderes, y dedicó su actividad a salvar aquello que la naturaleza y la experiencia humana han demostrado que es bueno.

 

Respetuoso con la religión –aunque se mantuvo sin inclinarse ante el obispo de León–, y las tradiciones heredadas, tolerante y nada fanático, defendió a su país con lo que tenía, la inteligencia, el esfuerzo y la honorabilidad, apartándose de toda corrupción económica o política; por eso, por su incapacidad para la intriga política, y por la desunión de los federalistas, perdió el segundo mandato, pero fue nada menos que ante el popularísimo Thomas Jefferson, enemigo político y al final amigos hasta el momento de la muerte, el mismo 4 de julio de 1826, en plena celebración del cincuentenario de la declaración de independencia. Partidario de un gobierno central fuerte, frente a Jefferson, cuyos partidarios le atacaron sin piedad durante su mandato, y también de armarse, para defender la libertad, fue el creador del ejército y la marina, que sustentaron la inicial independencia y el poderío posterior de los Estados Unidos. 


Acudía a la lectura y la reflexión antes de actuar. Lectura, pensamiento y ejercicio físico venían a ser su lema. Amante de los libros y viajero por América y Europa, pese a las dificultades de la época, estuvo dispuesto a aprender francés y español. También supo ver las deficiencias de los suyos, “Paseo en soledad y cavilo…, medito, me desanimo, rumio… Carecemos de hombres adecuados para estos tiempos. Nos falta genio, educación, viajes, fortuna, todo”. Las palabras altisonantes y los grandes discursos le causan más que nada risa. Y a sus conciudadanos de Braintree, hoy Quincy, no les pasa por alto que se enreden en litigios cotidianos de menor entidad.

 

 

[Img #13927]

 

 

Como si les pidiera altura de miras y no enredarse en pequeñeces. Y al despedirse de la Casa Blanca, recién construida, dejó escrito, “Que nadie más que los honestos y sabios gobiernen bajo este techo”. Ese es el espíritu que ha construido una gran nación. Pero era hombre y, como Terencio, también sabía que nada humano le era ajeno. Así que también cometió errores, era altivo, vanidoso y tozudo, y no siempre le fue bien en la vida.


Por todo eso lo admiraba Ezra Pound, y le dedicó una parte de sus Cantos ('Cantos de Adams') en reconocimiento de su independencia de juicio, patriotismo y honorabilidad. De él dice en uno de los Cantos que era la mejor cabeza del Congreso, verdadero ‘pater patriae’, hombre que en determinados momentos “nos hizo y nos salvó por su equidad, honestidad y recta acción”. En el Canto LXV glosa Ezra Pound ese viaje por el norte de España en pleno invierno, siguiendo en sentido contrario el Camino de Santiago, y allí aparece Astorga, “4. Martes, cama limpia, sin pulgas por vez primera en España en Astorga/ los más grandes nabos que he visto/ mujeres maragatas, tan bellas como mujeres indias…” Y ahí está nuestra ciudad, inscrita para siempre en una de las obras más geniales y complejas del siglo XX, que muchos lectores y críticos no dudan en considerar una especie de Divina Comedia de nuestro tiempo. Descenso a los Infiernos y acceso al Paraíso de la cultura universal, de Oriente a Occidente y desde los tiempos remotos hasta la actualidad. Astorga en esa eternidad de John Adams y Ezra Pound. Lo que habrá que ver es si figura en esa laureada serie de HBO.


Enero 2015.



 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress