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José Cabañas (*)
10/02/2015

El luctuoso eco en León de las armas del Turquesa

Se producía el 12 de septiembre de 1934 el frustrado desembarco de armas del vapor Turquesa en San Esteban de Pravia (Asturias), en el que se incautaron más de mil largas y cortas, 500 fusiles y 50 ametralladoras, y 200.000 cartuchos, un episodio del que informará profusamente El Diario de León aquellas fechas, señalando que “parece que Indalecio Prieto y otros diputados socialistas (se detuvo a dos con armas sin licencia) estuvieron cerca del lugar donde se descubrió el alijo, armamento y municiones que estaban preparados para impedir la asamblea de la Juventud de Acción Popular (JAP) y para el movimiento revolucionario y la huelga general previstos para el sábado y domingo pasados (en el que iba a radicar en Asturias principalmente la fuerza de la resistencia, por ser donde el partido socialista está mejor organizado), no llegando a tiempo. El barco había salido de Cádiz y fue adquirido hacía un mes al diputado a Cortes y jefe de Renovación Española Ramón de Carranza. Las armas venían consignadas para los socialistas, y eran custodiadas por socialistas”.

 

Procedían, al parecer, de un depósito que revolucionarios portugueses venían trasladando de un lugar a otro sin encontrar oportunidad de utilizarlo, dicen algunas fuentes, mientras afirman otras que se trataba de un cargamento que el Gobierno de Azaña se había procurado dos años antes como parte de su política intervencionista a favor de los rebeldes izquierdistas contrarios al régimen en el vecino Portugal. Las armas nunca se les entregaron y, finalmente, el comité revolucionario socialista consiguió comprarlas al Consorcio de Industrias Militares a través de intermediarios y fueron transportadas desde un almacén en el sur al Turquesa, que comenzó a descargarlas por la noche en la costa asturiana, hasta que fueron descubiertos por los carabineros, haciéndose de nuevo entonces el navío a la mar con la mayor parte de las armas todavía a bordo y continuando hasta Burdeos, donde el barco y su cargamento fueron confiscados por el cónsul español.

 

En La Bañeza el 13 de septiembre, Día del Pimiento, comunicaba la Guardia Civil (según El Diario de León) “haberse armado un gran escándalo y alboroto cuando en el baile del Teatro Seoanez se cruzaron tres disparos (entre elementos socialistas y otros de significación opuesta), siendo detenido en las proximidades del local (de cuyo pavimento se recogieron varias pistolas) un individuo llamado Felipe Pérez Alonso (afiliado ya por entonces a Falange), al cual le fue ocupado un revólver, que dijo haber encontrado en el suelo. Parece ser que el escándalo fue ocasionado, según rumores, por llegar embriagados varios individuos de filiación socialista que discutieron con elementos derechistas”, provocándolos (diría El Adelanto). Será juzgado por el Tribunal de Urgencia, que lo absuelve y lo pone en libertad el 29 de aquel mes. Por otros motivos, la riña por unas jugadas de pelota, agredían el 19 en Santa Elena de Jamuz dos jóvenes a otro, herido con un palo y navaja, siendo apresados los agresores y  puestos a disposición del juzgado por la misma Benemérita.

 

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Se descubría dos días más tarde de aquel incidente bañezano otro gran alijo de armas y explosivos en la Casa del Pueblo de Madrid, que era nuevamente clausurada, a la vez que el Gobierno decidía (a requerimiento del ministro de la Gobernación, quien mantiene en su seno la política de autoridad frente a la línea claudicante de su presidente Ricardo Samper, tan molesta para la CEDA) suspender en adelante toda clase de actos públicos, reuniones, manifestaciones y demás. Nuevos hallazgos de armamento se continuaban produciendo el día 20 en la capital de la nación y en otros lugares, y se detalla en la prensa de derechas el complot sedicioso previsto para aquel mismo día, que disponía, se dice, de listas con personas de derechas que, de triunfar, habrían de ser asesinadas. Lo mismo estaría previsto realizar en Jerez el día 21.  (La versión de las supuestas listas negras de gentes de derechas destinadas a ser asesinadas tras el triunfo de la prevista revolución comunista se pondría también en circulación días después en la revuelta de octubre, y de inmediato tras la sublevación militar de julio de 1936, para justificarla, refutándose tanto la prevenida revolución como las listas hace ya muchos años -Herbert R. Southworth en 1964- por la historiografía como rotundamente falsas.

 

El asunto de las armas asturianas iba a llevar el luto y los altercados a León, pues se decía que no todas las desembarcadas habían sido confiscadas, y se buscaba la camioneta y el coche que supuestamente se habían sustraído a la requisa y que las repartían por doquier (a la capital leonesa llegaron entonces, de manera misteriosa, una treintena de fusiles, pertrechos de la guerra del catorce, vendidos por algún truhán a los mandos socialistas y cuyo destino final se desconocería, pues no aparecerán cuando en los días de la sublevación de julio de 1936 los trabajadores pidan armas para oponerse a los alzados, dirá en 1978 Victoriano Crémer). También se rastreaban la noche del sábado 15 de septiembre en un control en la carretera de Madrid entre Arcahueja y Villarente en el que se produjo un muerto y dos heridos (del todo ajenos a los hechos) por los torpes y precipitados disparos de los agentes de la autoridad (pertenecientes al Cuerpo de Seguridad y Asalto) al detener de forma poco ortodoxa (a tiros) en ella a dos vehículos. Hubo el domingo gritos de protesta y puños en alto y vivas a Rusia y a la revolución social y mueras al fascismo en el entierro de la víctima mortal (Maximino Castro, un obrero católico, por lo que los socialistas dejaron a su militancia en libertad de acudir o no a sus funerales), y después del sepelio ante el gobierno civil y el cuartel de la Guardia de Asalto, en la calle Torres de Omaña, para llegar en la mañana del lunes 17 a declararse por las organizaciones obreras afectas a la Casa del Pueblo leonesa una huelga general que duró hasta la del día 18.

 

El Gobierno decretaba el estado de alarma el 25 de septiembre (en Asturias se tomaban precauciones enviando tropas de Asalto procedentes de Valladolid y reteniendo en Oviedo al Regimiento que tenía previsto participar en las maniobras militares iniciadas el día 22 en los montes del noroeste leonés) y trataba el 29 de contar con un nuevo gabinete el 2 de octubre, planteando el día 1 la crisis total que ya se anunciaba días antes (el Ejecutivo dimitía al retirarle Gil Robles su confianza); Lerroux era encargado de formarlo de nuevo el día 3, y en la mañana del 4 el presidente de la República acordaba ampliar las consultas a los líderes políticos, divididos ante si disolver o no las Cortes. La composición del nuevo Gabinete desataría la tan previamente anunciada revolución de octubre.

 

(*) Del libro “LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA” (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas – Valduerna, Valdería, vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga- de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González.

 
 
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