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Luis Miguel Suárez Martínez
21/02/2015

Caravaggio en Berlín Vintage

Óscar M. Prieto, el escritor de Benavides de Órbigo es autor de las novelas: 'Palabras de carne y hueso' (1995); 'El tercer sacramento', (1999); 'Las horas se ríen de mí', (2009); 'Love is a game', (2010). Recientemente ha publicado la novela que hoy comentamos 'Berlín Vintage'.

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Óscar M. Prieto, Berlín Vintage, Zaragoza, Tropo editores, 2014.

 

 

En su última novela, Berlín Vintage (2014), Óscar M. Prieto  urde en torno a la figura de Caravaggio una sugestiva red de historias, de subgéneros narrativos y de reflexiones sobre la condición humana. Ya en el primer capítulo desliza el protagonista un comentario que conviene no pasar por alto, pues se trata de una alusión indirecta al modo en que el lector debe enfrentarse a este libro: “A Roma no se debe venir con prisas. Como tampoco se debe leer con prisas un libro, sin darle tiempo, metiendo prisa a la trama, exigiendo desde la primera página que pase algo y si es delictivo mucho mejor (...).Ya pasará lo que tenga que pasar” (p. 31).

 
Y, en efecto, sin prisas discurre la trama de Berlin Vintage. Aldous, admirador de Caravaggio, recorre el mundo para contemplar, allí donde se encuentren, los cuadros del pintor italiano. Cada uno de ellos tiene su historia, que se va desgranando con detalle, lo que da pie igualmente a reflexionar sobre el arte del pintor y a reconstruir los retazos de su biografía; una biografía en sí misma casi novelesca, incluso, como dirá el propio Aldous, digna en no pocos pasajes de un relato de género negro (p. 236). Algunos encuentros  fortuitos, ya en el primer capítulo, introducen, por otra parte, un elemento de intriga y de misterio: un personaje que llama su atención y al que sigue de forma impulsiva e ilógica (y que, después, reaparecerá en distintos lugares y bajo apariencias también distintas); otro personaje que lo aborda a la salida de una conferencia sobre Caravaggio y que, cuando se interesa por uno de sus cuadros supuestamente desaparecido en un incendio, le pone en contacto con una misteriosa mujer, Laly, de la que ningún detalle le desvela… Sin embargo, esos hilos de la trama van quedando, por el momento, relegados a un segundo plano. 


El primero, además de Caravaggio, lo llenan en buena medida las reflexiones de Aldous, unas reflexiones —de índole muy diversa— que con frecuencia surgen de su atenta observación de la vida cotidiana. Podría decirse incluso que en los tres primeros capítulos (ambientados respectivamente en Roma, Londres y Madrid) la reflexión predomina sobre la acción, lo que otorga a Berlin Vintage un aparente aspecto de novela intelectual. No obstante, hay que reconocerle al autor en este aspecto ya una notable virtud: la agilidad con que encadena las divagaciones del protagonista  — impregnadas con frecuencia de humor e ironía— y su hábil engarce con los otros hilos de la trama.

 

 

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La historia tomará un nuevo derrotero cuando Aldous llegue a Malta, donde se alberga el último cuadro de Caravaggio que le quedaba por visitar. Cumplido el objetivo que ha marcado su vida hasta entonces, su particular odisea toca a su fin. “Cuando comencé partí sin Ítaca y sin Penélope a las que retornar”, había comentado anteriormente (p. 182). Y, ante la falta de un objetivo claro a partir de ahora, le asalta la angustia, lo que le lleva a cuestionarse su propia identidad: “¿quién demonios soy yo?" (p. 256). Se trata de un momento crucial no solo en el plano personal del protagonista, sino también en el desarrollo del relato. Así lo confirma un hecho en apariencia intrascendente: en la habitación del hotel, ya en Mesina, Aldous encuentra un libro de Chesterton, “una recopilación de consejos e instrucciones para los escritores de novelas de detectives” (p. 297). La lectura de algunos pasajes le induce a compararse con un personaje de ficción, para concluir primero: “Yo era real. No soy un personaje” (p. 297). Y, sin embargo, algo de personaje tiene, como reconocerá después: “Nuestra noción del mundo y de nosotros mismos no es más que una representación. Y si es así, por inferencia casi lógica nos transmutamos automáticamente en personajes” (p. 298). Y otro detalle asimismo significativo: en Chesterton encontrará un pasaje en el que se plantea la oposición entre el novelista intelectual y el de historias policiacas (p. 298). 


Es, en realidad, un anuncio del nuevo derrotero que a partir de ese momento tomará la trama. Así, en los dos últimos capítulos (ambientados en Moscú y en Berlín),  Berlín Vintage se aproxima al relato de intriga (entre la novela de detectives y la de espías, como se aludirá de forma explícita en varias ocasiones). Aldous  ha encontrado ahora una nueva meta que justifica la continuación del viaje y le permite vencer su crisis de identidad: resolver, con la ayuda de Laly, el enigma del cuadro de Caravaggio perdido en el incendio de Friedrichschain. Saldrá a la luz entonces una historia sorprendente. Asimismo logrará al fin desvelar la identidad del misterioso Proteo y logrará culminar también otra odisea más personal. De esta forma, todos los hilos narrativos que el autor ha ido desplegando a lo largo de relato acaban resolviéndose de una forma precisa sin que ninguna pieza quede sin encajar. Tal vez este desenlace no deje de resultar un tanto convencional, pero también viene a remarcar los temas fundamentales de Berlin Vintage: la búsqueda de la propia identidad y la misteriosa combinación de lógica y azar que rige la vida humana.


Ciertamente todo en la novela trasluce una meditada organización, de manera que cualquier detalle  —por ejemplo, el nombre de algunos personajes, los cuadros de Caravaggio, o, como se ha señalado, los libros que lee el protagonista (incluido,  en un recurso muy cervantino, uno del propio Óscar M. Prieto…)— puede resultar relevante, pues, con frecuencia, está sugiriendo el posterior devenir de los acontecimientos. Es de destacar igualmente la hábil dosificación de la intriga y el dominio del ritmo narrativo. Al ritmo de la narración se adecua también el lenguaje, caracterizado por el predominio absoluto de la frase corta, y en el que resulta patente el gusto por el juego de palabras a través de figuras como la derivación (pp. 144, 202-203, 256, etc.), la paranomasia (pp. 474, 510) o incluso la aliteración (pp. 303). No siempre, sin embargo, resulta plausible este recurso, ya que en algunos momentos incurre en redundancias (pp. 180, 252…) o cacofonías (pp. 64 y 200). Lo mismo cabe decir de algunos casos en los que la sintaxis se alambica y origina expresiones paradójicas o ambiguas. Se trata, en todo caso, de cuestiones de detalle que no afectan al conjunto. 

 

 

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En definitiva, Berlin Vintage ofrece múltiples aspecto de interés y, sobre todo, ofrece una lograda síntesis de subgéneros narrativos  —novela intelectual, histórica, culturalista, de intriga, metanovela…— que otros escritores actuales parecen considerar incompatibles. Pero, como muestra aquí Óscar M. Prieto, la auténtica literatura está por encima de las etiquetas.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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