Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 23/08/2017
Secciones
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Miguel García Bañales
17/03/2015

Enterramientos romanos cerca de la carretera de San Justo, por el Doctor Cortés Rivas

[Img #15025]

 

Cuando creía haber descubierto casi todo de Ildefonso Cortés Rivas, es decir que, además de ser un gran médico y una persona excepcional, escribía, dibujaba e incluso pintaba, me encontré en una de las causas de la Guerra Civil varios ejemplares de la revista del Ateneo Obrero de León. Esta publicación que empieza a finales de 1934, debió de estar motivada por el cierre, en ese momento, de toda la prensa de izquierdas. Para ello se reunían en León las personas de estas ideas para asistir a las conferencias que se daban en dicho Ateneo, las cuales se plasmaban después en esta revista. En el citado Ateneo participarán figuras importantes de León como Zanetti, Crémer (fue director), Linacero, López Sancho y, como no, el médico Cortés Rivas. Seguramente habrá muchos más pero mi ignorancia en este tema no tiene límites, disculpadme.

 

En tres entregas publica Cortés sobre sus descubrimientos, excavaciones e investigaciones de unos enterramientos encontrados en Astorga y resumiendo dice:

 

El 5 de enero de 1935, como consecuencia de unas plantaciones en la huerta de Francisco Díez, veterinario municipal, el encargado de hacer los hoyos tropezó con una losa horizontal de pizarra de orientada de N a S, cuyas dimensiones eran de 1m.x 0,5m.

 

Esta 'hudria' está aproximadamente a 1 km. al norte (se equivoca es al este, pero es intrascendente) de la ciudad, al margen de la carretera de León y en el término de San Justo, entre el antiguo  camino romano y la citada carretera, cuyo puente, casi demolido en la actualidad y sobre la acequia de los molinos, está próximo a la finca.

 

En ella, hace dos años y con motivo de otras plantaciones, aparecieron también cuatro ánforas de barro cocido, equidistantes unas de las otras, en una sola línea y conteniendo restos humanos.

 

También llegaron a mí noticias de otros descubrimientos, cerca de los mencionados, consistentes en cimientos robustos de argamasa, ladrillos redondos y monedas de cobre que no llegué a ver.

 

En posesión de estas noticias, me decidí a mi llegada a Astorga y previa anuencia del propietario a hacer unas excavaciones que razones de cultivo me obligaron a suspender seis días después.

 

Allí solo encontré restos de cerámicas romanas, ladrillos con dibujos en círculos y a 1,40m. de profundidad un esqueleto de orientación norte sur (si se equivocó  otra vez, podía ser este y oeste, es decir podía ser enterramiento cristiano, lo importante de estos enterramientos es hacia donde está colocada la cabeza). En este se apreciaba la violencia de la muerte y llevaba un semiarete de hierro, que aún conservo. Alrededor del cadáver aparecían clavos de hierro en muy mal estado a modo de pertenecer a un ataúd.

 

Lo que se había encontrado, el 5 de enero, fue una losa que se encontraba apoyada en otras laterales, el obrero pensó que había descubierto algún tesoro por lo que lo puso en conocimiento del Sr. Díez. Siguió desenterrando pero ya con sumo cuidado. Al momento encontró una caja blanca y cilíndrica de extraordinario peso que les hizo pensar en el ansiado tesoro, pero al abrirla sólo encontraron vidrios rotos y cenizas de huesos.

 

Aquella misma noche recibí la urna y rápidamente me puse a reconstruirla, apoyado eficazmente por el Sr. Gonzalo Goy. Gonzalo era policía, profesor de Letras y catedrático sustituto en el Instituto, también dio clase en la Academia Gallegos y fundador junto con el Sr. Montoya de la Nueva Academia.

 

Dentro de la urna, que era de plomo, además de cenizas de restos humanos, aparecieron también una urna funeraria de vidrio rota y  un pomo, además de un objeto de vidrio (un vaso) colocado sobre la losa y que rompió el obrero al excavar, pensando que era una botella actual, y debajo de la urna una moneda. La de vidrio la reconstruimos al completo y correspondía con la incineración de un adulto. El pomo no pudo ser reconstruido en su totalidad y tenía en su interior cenizas correspondientes a un niño. La moneda de bronce, bien conservada, llevaba inscrito: VITELLIVS IMP GE.

 

Además, en el hoyo sepulcral, aparecieron restos de objetos cerámicos como un candil y ocho vasijas.

 

[Img #15026]

 

Continué haciendo hoyos y cribando minuciosamente la tierra, encontré una base circular de barro grosero, restos de un candil con la tapa modelada de un fauno y firmado por las huellas dactilares del alfarero.

 

A unos 6 metros encontré un cipo hecho de una piedra blanquecina y deleznable y con inscripciones que pensamos recuperar, ya que de momento aparece F. FAB.  Este tenía un rosetón formado por hojas de roble, lo que me llama la atención pues es distinto a otros encontrados en Astorga y me llama también la atención que sean de roble que es el emblema de la ciudad.

 

Cortés después de hacer un recorrido minucioso en la descripción de todos los objetos, al final concluirá: “que se dedica en especial a hacer un informe detallado como aficionado que es”.

 

Dice que la finca se encuentra situada sobre el viejo camino romano. Su proximidad a la ciudad (a menos de 1 km.) hizo que en ella (restos de edificaciones) se construyera por alguna familia patricia una quinta de recreo (agua muy próxima). A los bordes del camino (inhumaciones en línea) se hicieron los enterramientos.

 

El hecho de hallar una urna cineraria con todos sus accesorios (pomos, cenizas humanas,…) nos marca como fecha finales del II o principios del III, ya que el cristianismo hará perder terreno a las incineraciones (creo que el cristianismo entra más tardío en Astorga). La moneda de Vitolio (año 69 d.C.) nos dice que no fue antes de esta fecha. Al ser moneda única y que estaba debajo de la urna de plomo, nos hace pensar que sería la que ponían en la boca del difunto para pagarse el viaje eterno. El haber hallado ceniza en la tumba indica que la incineración se hizo “in situ”, parece así también por los vidrios fundidos encontrados allí.

 

Remata con que cree que es de finales del I y principios del II, divaga que podía pertenecer a Filius Flavio, jefe de la Legio VII (no sabe, como es lógico, que aquí fue la X) y remata que no había sido profanada.

 

Al final dirá: “esperamos que los hombres sabios nos digan si la equivocación es tan magna como nuestra osadía”.

 

En su libro 'Apuntes Arqueológicos…', Mª Ángeles Sevillano nos dice de otros enterramientos encontrados en el tiempo en la zona de Astorga.

 

Uno en Prado Otoño, topónimo cercano la Estación del Oeste, referenciado por Luengo en 1888, hecha en mampostería y con una urna de plomo que contenía una de vidrio.

 

Otro en Puerta de Hierro en 1923, con varias tumbas hechas con tégula.

 

El siguiente en 1935 cerca de la Moldería Real con enterramientos de inhumación y de incineración: este parece el de Cortés. Añade, también allí en los solares de la fábrica de hilados es de donde procede una estatua femenina y que se cree que pertenece aun mausoleo.

 

Posteriormente, en los años 80 una lápida funeraria y un ajuar funerario cercano a donde está COSAMAI.

 

[Img #15027]

 

Por último, el de la foto anterior, en la hoy calle Vía Nova el descubrimiento de tres tumbas en ladrillo (una está en el museo romano), además de otras de incineración, en el año 2002, como marca la fotografía. Aquí también aparece un varón con una moneda en la boca, como pago a Caronte por el transporte en su barca, como nos indica Cortés en el suyo.

 

Todo el material recogido por Cortés seguramente se quedó en su casa del Centro de Higiene, ¿dónde estará?

 

Cortés hizo una descripción meticulosa (no la he mostrado toda, ya que es muy amplia y minuciosa) y, aunque caiga en algunos errores lógicos de la época y por ser un aficionado, sus conclusiones son muy acertadas.

 

Excepto por Miguel Carro, hay personas que me preguntan si estas personas existieron en la realidad, como si los sacara uno de una “chistera”. En cierto modo tienen razón, pues: ¿con lo grandes que fueron, como pudieron quedarse en el olvido con la cantidad y la calidad de las cosas que hicieron? Lo peor no es esto, lo insólito es que algunos siguen enterrados en el olvido. La deuda de su reconocimiento y la muestra de nuestro respeto aún está ahí,… sin hacer.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress