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Miguel García Bañales
2/06/2015

Solo el olvido es muerte y su último deseo fue que se les recordara

Este sábado me dirigí a Valderas una vez más. Desde que empecé en enero a investigar los hechos ocurridos en la localidad antes y después del golpe de estado de 1936, he ido varias veces, el viaje desde Astorga (yendo por Benavente) dura una hora. Aunque esta vez el motivo de mi visita no era para buscar datos, era un poco distinto: iba a asistir a la entrega de restos de represaliados de la Guerra Civil por la ARMH, a la inauguración del panteón para acogerlos e impartir dentro de ese contexto esa misma mañana una conferencia.

 

En una hora le pasan a uno muchas cosas por la cabeza, recordaba que fue en 2010 cuando asistí por primera vez a un acto de este tipo solamente por curiosidad y me enganché al dolor, al llanto, a la resignación, a la consideración de que todo esto se haya hecho tan tardío, a tantas cosas.

 

He seguido yendo a actos de memoria y no se vacuna uno, siempre te empapas en los sentimientos que afloran y que te hacen rebelarte por lo injusto que se ha sido con ellos, con los fallecidos y con sus familiares.

 

Allí me encontré con la escritora Mari Sol Gómez, alma mater de todo esto junto con su familia, que han mostrado un derroche de altruismo, de sentimientos, de trabajo, también económico. Me recuerda a la familia de Gerardo, el maestro, todo compromiso e intensidad, todo generosidad.

 

Cuando íbamos para la Casa del Pueblo, apareció el nieto de un paseado en Fresno del Camino, a su padre, el  Dr. Luis Pérez Carreño, le acababan de poner la víspera el nombre de una de las calles sustituidas a las que luego haré alusión, e irradiaba alegría y ganas de colaborar. Se necesita tanto esto.

 

Empezó el acto a las 11.30 con el aforo lleno en la antigua Casa del Pueblo edificada en 1932 en facendera por aquellas personas represaliadas, hoy está localizada la Fundación Fermín Carnero. Hizo la presentación Mari Sol, leyendo al final la emotiva carta que Teodoro López Marcos, hijo de represaliado, mandaba desde Argentina.

 

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Empecé mi ponencia señalando cómo aquellas humildes personas se movieron siempre en el ámbito de la legalidad, que no provocaron ningún suceso aberrante y que se les exterminó despiadadamente. Que ellos soñaban con los derechos que la República les había dado y que nunca habían tenido, y que como dice Miguel de Lira: ”fue como un sueño que nunca existió”.

 

A continuación se proyectó un documental sobre la exhumación de los restos de las personas objeto de la entrega de la tarde. Al finalizar, René Pacheco, arqueólogo de la ARMH, brillante, muy brillante, expuso el proceso de identificación, haciendo un llamamiento para hacerse la prueba de ADN, esencial para la identificación de los restos que sería secundado de forma espectacular por las familias.

 

A las 14,30 horas comimos muchos en un restaurante como estaba previsto, fluyó el intercambio de sensaciones y de sentimientos.

 

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A las 17 horas llegamos al Salón de Plenos del Ayuntamiento donde fuimos recibidos por la alcaldesa, Silvia Blanco, el local estaba abarrotado, con algunas personas incluso fuera. De sus palabras resaltaré su demanda para que se impliquen las instituciones. Hay que agradecerle a Silvia su colaboración completa para estos actos. Además, hay que felicitarle también que las familias no pasaran el mal trago de llegar al Ayuntamiento por la Plaza del Generalísimo, nombre que se cambió en estos días, así como a otras cinco calles más. La permanencia de estas calles es muy indicativa de la gran represión que hubo en Valderas. Habló Marco González, vicepresidente de la ARMH, reclamando al Estado que cumpla la Ley en estos temas. Una sentencia del Tribunal Supremo dice que es el Estado el que debe asumir esta responsabilidad de que las familias conozcan lo que pasó y el derecho a recuperar sus restos. Finalizó Celestino Fonseca en representación de las familias, emocionado confesó que pensaba decir unas palabras, pero al coger la caja de los restos en los que podía estar su abuelo, le cambió el discurso, y clamó contra aquellos que no entendían porqué “remover”, “¿y si fuera tu abuelo el que está aquí?”, reclamando conocer y poder enterrar dignamente sus restos tan queridos.

 

Del Ayuntamiento se partió para el cementerio donde comenzó el acto muy bien dirigido por Miguel, el marido de Mari Sol. Se colocaron las cajas con los restos, se cerró colocando la piedra con los nombres y con la frase que pone título a esta crónica. Sobre la piedra se depositó un centro de flores con los colores de la bandera republicana, y Melisa, nieta de represaliado, en su honor tocó con su flauta 'Nocturno' de Philippe Gaubert, que quedó precioso.

 

Habló Marco otra vez, fue breve, y a continuación Maximino Barthe, presidente de la fundación Fermín Carnero de la UGT. Es de agradecer la colaboración extraordinaria de la fundación, tanto por la dedicación de su personal en Valderas como por su aportación económica y de afecto. También financió un libro sobre la historia de Valderas desde 1931 hasta 1936, que se entregó a las familias. Siguió Cristina Pimentel interpretando dos piezas  musicales de trompa, intercaladas por dos poesías recitadas por Abel Aparicio, una de ellas, titulada 'Carta a mi padre muerto' escrita por Teodoro López Marcos, ya mencionado.  

 

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Llegó el momento cumbre de la jornada, después del sepelio, Mari Sol Gómez y Susana Toral, fantásticas las dos, leyeron a dúo y alternativamente pequeñas reseñas biográficas de cada uno de los que figuran inscritos en la piedra. Sus intervenciones se pausaban a toque de triángulo que anunciaba más muertos. Cuando Mari Sol nombró a Tomás Toral, abuelo de Susana, ésta se quebró, solo el tañido del triángulo la recompuso. Siguió leyendo. Fue todo muy emotivo y conmovedor, había personas que lloraban a mi lado, mientras yo pensaba: ¡por lo menos ya tienen un sitio digno donde llorar a sus muertos! Melisa tocó nuevamente, ahora acompañada por su hermano.

 

A continuación habló Ángel Núñez 'Curro', en representación del Ateneo Republicano de Astorga. Muy emotivo como siempre, brevemente recordó a Victoriano, exalcalde de Valderas, kiosquero como él y torturado en San Marcos hasta la muerte.

 

Al finalizar los hijos y los nietos de los represaliados plantaron dos cipreses a ambos lados del Panteón, “símbolo de vida, de crecimiento vertical hacia la luz”, Para siempre quedará el lugar señalado, recogido y protegido para que no se pierda nunca el recuerdo.

 

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Fantástica jornada, es y seguramente será un ejemplo.

 

Panteón de los fallecidos de Valderas en la Guerra Civil. 30 de mayo.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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