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Manuela Bodas Puente / Veguellina de Órbigo.
11/08/2015

El latido del celuloide en Veguellina de Órbigo

¿Cuántos crímenes ha descubierto el celuloide? Asesinatos bien vistos por comunidades enteras, o de los que casi solo se enteran las víctimas, han llegado a nuestras pupilas, gracias al cine. El celuloide nos ha dado muy buena cuenta de la crueldad del ser humano, también de su grandeza, de sus sueños, del misterio que cada cerebro esconde. El cine es un gran zoco donde se exponen hasta los sentimientos más inhóspitos e insospechados, también los mas alegres y cariñosos.

 

El cine nos da también la poesía de los cortos. Es asombroso poder dejar en diez, quince, veinte o menos minutos, un poso de almíbar o un sabor a hiel en la sangre. Un corto es una obra de arte en la que se condensan los sueños de la rutina, o los deseos y necesidades oprimidos por las injusticias. Un corto es un poema que sangra vida y la vida es un corto que sangra versos cada día. Poner orden en esos versos y saberlos contar, vuelvo a decir, es un arte que nos hace preguntarnos o al menos nos hace sopesar qué huellas estamos dejando de nuestra existencia.

 

Los amantes de los cortos han tenido en Veguellina de Órbigo, durante este largo fin de semana, las mejores muestras de este arte en el II Festival de Cortometrajes del Órbigo, que gracias a Bal Ferrero, el director del festival, a la asociación 'Despiert@' y todos los que han estado, que son muchos, organizando, colaborando, ayudando y poniendo mucho trabajo y cariño en el festival, este año, ha sido un éxito mayor aún que el del año pasado. Bal Ferrero recogió la medalla de oro de la Fundación Lumière, un merecido premio, por traer a los dos hermanos que supieron mostrar la  realidad y la expectación hace 120 años. ¡Enhorabuena por el premio y gracias por este II Festival de Luna de Cortos de  Veguellina de Órbigo!

 

Decir que eché de menos la presencia con su sabiduría y arte de Julián Álvarez, que siendo hijo de  Veguellina de Órbigo, ha llevado sus conocimientos muy lejos, hasta Japón incluso y que el año pasado tuvo una acogida extraordinaria. Supongo que lo tendremos para el año que  viene.

 

Mordida existencial: La mordida existencial sin duda es la que Miguel Pérez, nuestro querido 'Trébol', dio la primera vez cuando, hace ya unos cuantos años, y debido al amor que este hombre siente por el cine y sus máquinas, se le ocurrió ofrecernos cine de barrio con el pucherico de sopas en la mano. Aquella idea y la colección de proyectores y aperos de todo tipo que tengan que ver con el cine que 'Trébol' tiene, fueron el embrión de lo que hoy ya es un envidiable festival en el que han competido ochocientos cortos. Su colección de proyectores, todos en funcionamiento, algunos de más de cien años, a los que ha recompuesto, reparado y mimado durante años, bien merece una estancia definitiva, para poder mostrar la historia del cine a todo el que quiera conocerla. Un museo del cine atraería divisas a la zona, tan necesarias en estos tiempos. 

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