Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 26/09/2017
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Tomás Valle Villalibre
18/09/2015

La foto del fracaso

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Lleva doce años cubriendo noticias como fotógrafa reportera para una agencia turca, su nombre es Nilufer Demir. La madrugada del dos de septiembre cubría la llegada de inmigrantes paquistaníes a la isla griega de Kos, cuando se dio cuenta que había cuerpos flotando a la orilla. Uno de ellos, con camiseta roja y pantalón oscuro era Aylan Kurdi, de tres años de edad, que yacía boca abajo sin vida en la arena de la turística playa de Bodrum. La fotografía de este diminuto cadáver, que posiblemente sea la más conmovedora y simbólica del éxodo del pueblo sirio, se quedó clavada en la retina de todos nosotros como símbolo de la crisis de refugiados en Europa.

 

Una Europa donde sus gobernantes han demostrado una vez más su ineptitud, exponiendo algunos abiertamente sus reticencias a acoger refugiados, otros poniendo condiciones y otros directamente no queriendo saber nada del asunto. La fotografía de este niño muerto en la arena de la playa tendría que abochornar a esta pandilla que Europa tiene por gobernantes, pero no seamos ingenuos a ellos les resulta indiferente y si se mueven, analizarán primero sus pasos y tomaran medidas que redunden sobre todo en beneficio propio.

 

Junto  Aylan, al menos, otras 12 personas se ahogaron al hundirse dos barcas que habían zarpado esa noche del sudeste de Turquía en dirección a la isla griega de Kos.

 

Uno de los dos botes se hundió nada más partir de Akyarlar, en la península de Bodrum, con dieciséis sirios a bordo. Siete de ellos perdieron la vida. En el otro bote iban ocho sirios. Cinco niños y una mujer se ahogaron; dos sobrevivieron  Uno de esos cinco niños era Aylan y otro su hermano de cinco años.

 

Las imágenes que nos muestran los noticiarios conmueven de forma sobrenatural. Vemos como los migrantes se hacinan en los trenes, como andan hasta extenuarse, como los niños, muchos niños, a hombros de sus padres recorren cientos de kilómetros, algunos con su osito en la mano. Layan es un bebé de seis meses que envuelto en un pijama llevaba veintiséis días de viaje, a su lado, iba su hermano de tres añitos, sujetando con una mano la falda de su mamá. En torno a cuatro millones de refugiados ha provocado hasta el momento, esta guerra a tres bandas entre los partidarios de Bashar al-Asad, la oposición y el autoproclamado califato del Estado Islámico. Hace unos días escuché al presidente en España de la Unión de Sirios en el Extranjero, cómo reclamaba a occidente y más concretamente a la OTAN, que pusieran fin a la guerra de Siria. Según él, "la única solución a este conflicto es eliminar el problema de raíz, terminar con aquellos que quieren someter a la población y liberar la zona". Este hombre que parecía conocer muy de cerca el drama de muchos de los refugiados, aseguraba que el flujo de refugiados hacia Europa "sólo terminaría cuando se produjera una intervención armada sobre el terreno". Se olvidó que para que esto se realice, antes Estados Unidos y Europa deben prescindir temporalmente del petróleo sirio, algo que se considera que tuvo su peso específico cuando el malo solo era Bashar al-Asad. Ahora parece complicado para los dirigentes europeos determinar cuál es el principal enemigo de occidente ya  que algunos ven en Bashar como la única solución al conflicto.

 

Las soluciones a esta situación no parecen inmediatas. Mientras podemos ver a un niño de tan solo trece años que ha huido de su país, mandarnos su mensaje: “Siria necesita ayuda. Paren la guerra. Paren la guerra y no vendremos a Europa, queremos regresar a nuestro país, a nuestras casas. Paren la guerra ya”.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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