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Fernando García Crespo
10/10/2015

Independence Day

[Img #18539]

 

Encontré la comunicación al entrar en casa, la habían metido por debajo de la puerta. No llevaba remite, ni membrete, pero venía dirigida a mi nombre. La curiosidad me llevó a leerla antes de quitarme los zapatos y ponerme ropa más cómoda.


Era una nota manuscrita, de mi casera, en la que me pedía que asistiese a la próxima reunión de la comunidad de vecinos y que apoyase la propuesta que tenía prevista realizar el inquilino del séptimo A. Me lo exigía como un favor personal que sabría agradecerme no subiendo el alquiler durante los próximos tres años. En el caso de no apoyar la propuesta, que aún me era desconocida, se vería obligada a buscar otro inquilino, aunque contaba con que esto no llegase a ocurrir, confiaba plenamente en mí (subrayaba doblemente); como postdata figuraba la fecha de la próxima asamblea. Grapada a la nota manuscrita venían unas fotocopias del acta de la última reunión de la comunidad de vecinos. En ella se aprobaba por mayoría absoluta (menos el propietario y vecino del cuarto B todos habían estado de acuerdo) el que a partir de aquella reunión serían los inquilinos y no los propietarios quienes tuviesen que acudir a dichas reuniones y responsabilizarse de cuanto allí se decidiera; si bien las cuestiones económicas, tales como derramas y similares tendrían que tener la aceptación final de los dueños de los inmuebles.

 

La verdad es que no entendía nada, aquello me parecía un emplume, pero tampoco veía alternativa, estaba cómodo en aquel piso y el alquiler aún podía pagarlo mes a mes.


Con toda la desgana del mundo aparecí a la hora crítica en la terraza del edificio, ya estaban todos allí. Casi todos con la misma cara de desconcierto. Solo había dos personas que parecían saber de qué iba aquello, el vecino del cuarto B y el del séptimo A. No tardé en descubrir que todos, excepto el del cuarto B, estábamos de renta, de alquiler.


Comenzó la reunión dando lectura al último acta y haciendo un resumen de ciertas cuestiones de ningún interés. Parecía que ya nos dejaban ir cuando el del séptimo B dijo que quería hacer una propuesta y que fuese sometida a votación. Sólo hubo una oposición, pero el del séptimo venía preparado para todo y la desmontó basándose en artículos que nadie conocía ni parecía dispuesto a discutir. Su propuesta era bien simple:


Quería la independencia del edificio. Es decir declarar el inmueble, estado (o similar) independiente del resto de la nación. Y argumentaba este supuesto disparate en tantas leyes y decretos que parecía que nadie le pudiese arrebatar la razón.


Se sometió a votación y ganó por inmensa mayoría, la propuesta independentista sólo obtuvo un voto en contra, es fácil suponer de quién.


Yo tenía muy claro que no habían sido sus argumentos acerca de las ventajas fiscales y el ahorro que nos supondría el no tener que pagar el I.B.I. ni impuestos similares, lo que nos puso de su lado, no me costó ningún trabajo suponer que el resto de los inquilinos en alquiler habrían recibido una nota similar a la mía.


Llevamos tres meses como estado, o similar, independiente. En un principio la prensa provincial se hizo eco de ello dentro de su sección de disparates locales, pero por alguna razón no ha vuelto a mencionarse lo nuestro, es como si hubiésemos dejado de existir.


¿Ventajas de la independencia? Hummmm…., supongo que durante los próximos tres años no nos subirán el alquiler.


¿Desventajas? Más de una, de momento ya no nos retiran las basuras del contenedor, nos han cortado el agua y la luz, y la policía urbana nos amenaza día tras día con “empapelarnos” por inmigración ilegal.


No sé qué hacer; es cierto que siempre he soñado con ser independiente, quiero decir que no me gusta depender de nadie, ni de nada, aunque lo hago habitualmente, pero esto de tener que enseñar mi identificación cada vez que entro y salgo del edificio me parece un poco irreal. Mi carnet de identidad ha sido requisado y eventualmente invalidado, y no tengo otra documentación que la que “graciosamente” ha emitido el estado independiente de Alcotán 36. Siempre quise ser ciudadano del mundo, y ahora me veo convertido no en un ser universal, sino en un minindividuo que ya no tiene ni barrio propio.


No sé qué hacer; algunas noches me despierto empapado en sudor, saliendo de una pesadilla en la que somos invadidos/liberados por cascos azules de la O.N.U, para entrar en otra, más real, en la que temo que esto pueda suceder en cualquier momento. He intentando conseguir medicación para mis nervios, pero todo lo que he conseguido son ciertas infusiones que preparan en el quinto C, y que parece ser que hacen más efecto al ser fumadas.

 

No sé qué hacer; tal vez solicite un pasaporte para poder viajar al extranjero, o tal vez me declare apátrida.


La verdad es que no sé qué hacer.



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