Max Alonso
Sábado, 11 de Abril de 2020

La culpa es de Zapatero

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Esta es la sentencia que se acuñó en tiempos del presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Funcionó y algunos la mantienen en su cabeza como uno de los pocos pensamientos claros de su falta de pensamiento propio, que para eso lo tienen abducido.

 

Su origen está en Joseph Goebbels y hay que decir para los iletrados, es decir, que mantienen la mente plana como las rectas del electro, porque lo ignoran, qué se le debe a este maldito sujeto. Fue ministro de Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, cargo que ya en su dominación entrañaba sarcasmo, que tenía como jefe máximo al súper asesino Hitler.  

 

No era ningún mindundi aunque él dominara a tantos y por eso cuenta con muchos imitadores. Era Doctor en Investigación, nada menos que por la Universidad de Heildeberg. Destacó por su dominio de la oratoria, con la que compatibilizó un profundo antisemitismo. Defensor de la guerra total que culminó cuando tras la muerte de Hitler le sucedió como canciller del Reich. Posiblemente el acto más lúcido en su único día de mandato fue el de su propio suicidio.

 

Semejante ejemplar puso en práctica muchas de las técnicas propagandistas al servicio de sus planes, como el del mayor holocausto judío, hasta el extremo de reconocerlo públicamente. Desde entonces su apellido se identifica como estereotipo de personas que usan la propaganda para engañar y sus discursos son engaños.

 

Sus sucios métodos y enseñanzas se siguieron en España para la creación de leyendas como aquella de la grandeza y capacidad del presidente Aznar y su fiel escudero Rodrigo Rato como salvadores de la patria y autores del milagro económico, cuando ya se había producido la mejora en la situación económica en el último año de gobierno de Felipe González. Como sucediera con Trump que a su gestión asocia la buena marcha de la economía norteamericana, que ya se había iniciado en el mandato de su predecesor Barak Obama. No son ellos sino la economía la que se mejora y la progresión vendrá con quien ocupe el cargo. A Rato eran  otros temas económicos los que realmente le ocupaban.

 

Los manipuladores sociales de la misma forma dejaron plasmado que Aznar era el mejor presidente, como Goebells hizo con Hitler cuando se llamaba culto a la personalidad, como los de aquellos tiempos hicieron con el dictador Franco. Mientras el sucesor de Aznar,  Zapatero, era el peor. Le enzalamaron  la nueva crisis, con tal fuerza que la hizo internacional.

 

Con las mismas malas  artes crearon la imagen de Mariano Rajoy como el salvador, a la vez que encubrían lo que destruyó y los abismos que acentuó, hundiendo cada vez más a Zapatero con la frase acuñada de la culpabilidad. Estas funestas técnicas fascistas son las mismas que emplean los republicanos norteamericanos, con las que consiguen destruir la imagen de todos los presidentes demócratas, convertidos en un desastre. Lo mismo da que se llame Barak Obama, Bill Clinton o Jimmy Carter. Mientras que los republicanos son una maravilla.  Se llamen  George W. o H.  W. Bush, Donald Reagan o Richard Nixon.

 

Ahora, amarrados al mismo carro, el malo tiene que ser Pedro Sánchez, aunque lo de Zapatero fue tan despiadado que a algún tertuliano ya se le ha escapado y le ha echado las culpas a Zapatero en vez de a Sánchez de lo que ahora no le gusta. Aquello fue tan exagerado que les costará cambiarlo. Muchas mentes débiles lo siguen repitiendo como si fuera una idea propia. Bueno, lo pueden repetir. Cuando dicen  Zapatero, ya se sabe a qué se refieren en realidad. A su falta de pensamiento. Las infamias y calumnias valen, que siempre algo queda y mentir no importa. Así ocurrió con Nigel Farage, líder del Partido del Brexit, que no le importó reconocer que sus argumentos eran falsos. El referéndum ya estaba ganado.

 

No todos somos iguales. Por eso hay tantas diferencias entre norteamericanos y españoles. Por ejemplo a estos últimos, ante la amenaza del coronavirus, les dió por acumular papel higiénico, mientras que a los americanos les dió por comprar más armas. Un 80 % por ciento más en el mes que apareció el coronavirus.

 

No voy a perder el tiempo en debatir con quienes les parecen bien esas técnicas. Es su problema, pero son y serán fascistas. Allá ellos y sus tragaderas. No es porque uno tenga prevención contra el fascismo. La ETA fue otro absurdo; pero el fascismo acarrea tantos millones de muertos… y eso sin mirar en casa.

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