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Redacción
3/05/2017

Una cárcel de mujeres en Astorga sin reconocimiento oficial

No queda rastro físico de la prisión de partido de Astorga que estuvo ubicada donde hoy se encuentra el juzgado, pero de lo que ocurrió dentro de sus muros desde 1938 a 1941 lo ha investigado Beatriz García Prieto. Esta joven historiadora estuvo este martes en la ciudad para contar el alcance de la represión franquista sobre las mujeres en León. Beatriz García sostiene que la cárcel astorgana funcionó durante esos tres años como centro penitenciario de mujeres, "solo eran recluidas mujeres o, al menos, solo se conservan expedientes carcelarios femeninos", aseguró la investigadora sobre este penal que no fue reconocido oficialmente como tal.

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Buceando en el Archivo Histórico Provincial, la investigadora se topó con 77 expedientes de mujeres que sufrieron condena durante la guerra civil y la posguerra en la cárcel de partido de Astorga. Buena parte de las presas habían sido trasladadas desde las prisiones de La Bañeza, de San Marcos, de la provincial de León o de la central de Astorga y después de un tiempo en la prisión maragata fueron llevadas a los penales de Amorebieta (Vizcaya), las Oblatas de Santander, Saturrarán (Guipúzcoa), Ventas (Madrid) o la prisión provincial de León. El 2,6% de las presas murieron en Astorga.

 

Todas llegaron a la prisión de partido perseguidas por rojas, por haberse adherido o auxiliado "a la rebelión", para cumplir condenas que oscilaban entre los seis y 14 años, aunque la represión sobre las mujeres fue más allá de las ideas políticas porque muchas fueron encarceladas por ser hermanas, madres o esposas de republicanos.  En otros casos habían sido perseguidas porque sus vidas y formas de actuar, incluso de vestir, no se adecuaban a los modelos de conducta establecidos por el Franquismo pero que habían sido normales y aceptados durante la República. En Astorga la mayor parte de las encarceladas estaban solteras (el 46,75%), tenían entre 20 y 50 años (75,31%), sabían leer y escribir (74%) y en sus expedientes figura que se dedicaban a "sus labores" (88,3%), aunque había jornaleras, modistas o estudiantes.

 

Detrás de los fríos datos se encontraban mujeres que sufrieron las penurias del encarcelamiento, la represión económica y laboral de la misma manera que los hombres, sin embargo Beatriz García incidió durante la conferencia en la represión específica a través de las violaciones, rapaduras de pelo, ingestión de aceite de ricino, humillaciones públicas, golpes y quemaduras en las zonas sexuales, obstaculización de la maternidad y separación de sus hijos. Entre los tantos por ciento están nombres y apellidos como la berciana Amalia de la Fuente Peral que dio a luz en la cárcel y se encargó de cocinar la comida para sus compañeras ya que "no podíamos comer lo que nos cocinaban en el cuartel porque había más bichos que verdura", según recoge Beatriz García en su trabajo para el máster dirigido por el profesor de la Universidad de León, José Javier Rodríguez.

 

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En la prisión de partido también estuvo encarcelada Balbina de Paz, de quien el investigador Miguel García Bañales escribió: "Balbina de Paz García, 46 años, soltera, de buena presencia y esbelta, parece culta, honrada, de buena moral, de carácter amable y cariñoso, parlanchina, protagonista y reivindicativa, modista, vivía sola en la Corredera Baja del barrio de San Andrés y falleció el 7 de marzo de 1938. No era de las Juventudes Socialistas como dijeron: era un 'poco' mayor para eso y dirá que no estaba afiliada, aunque sí simpatizaba. Para una mujer que vivía sola, independiente social y económicamente, y que tenía inquietudes intelectuales y/o políticas fueron unos años muy difíciles: debía de ser muy valiente para reclamar sus derechos en aquel momento, y más en una ciudad tan pequeña y peculiar como Astorga. Su único problema es que vio en la República la liberación de la mujer fuera de lazos morales, religiosos, sociales y económicos, como tantas y tantas mujeres: en resumen, el derecho a decidir su vida, por eso la defendió. Lo siguiente, lo conocemos: vuelta a “la minoría de edad legal” y a “los principios de sumisión al hombre”, como marcó Pilar Primo de Rivera". Balbina de Paz, 'La chata', del barrio de San Andrés, fue 'paseada' en el cementerio de Astorga el 7 de marzo de 1938.

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