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Juan José Alonso Perandones
29/08/2017

Los dos parientes y su menosprecio

A propósito de la celebración días pasados de unas disertaciones sobre Ricardo Gullón, académico de la RAE, entre otros muchos méritos, han sido publicados una serie de artículos por dos parientes. De pendolista, ha aparecido la firma de Mercedes Unzeta, de segundo apellido Gullón, el cual oculta cuando realiza una interviú valleinclanesca a su pariente Germán Gullón, hijo de don Ricardo y promotor de las conferencias. En dichos artículos y entrevistas en este medio manifiestan opiniones, se dedican autoalabanzas y no se privan de ir más allá de lo que puede ser una lícita crítica hacia mi persona. Todo ello, aparentemente, encaminado a reparar lo que consideran un agravio o  desatención, y a publicitar con desmesura que es ahora cuando, por fin, se va reconocer de una vez a tan insigne astorgano. Dado que la última vinculación de don Ricardo con la ciudad, el afecto  que por tantos astorganos le fue mostrado, han sido deliberadamente obviados por estos dos parientes,  considero necesario dar cuenta de una relación de hechos,  y para ello empiezo con  una cita oportuna como punto de partida.

 

 

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Reunión en la Casa de León en Madrid, preparatoria del homenaje para nombrar a Ricardo Gullón 'Hijo Predilecto de Astorga'. De izquierda a derecha: Juan José A. Perandones, José Hierro, Antonio Pereira, José Antonio Carro Celada, Ricardo Gullón y Luis Alonso Luengo. (Foto: JJAP)

 

 

“En la primavera del año 1987, después de haber mantenido algunas reuniones en la Casa de León en Madrid, y con motivo del quincuagésimo y vigésimo quinto aniversario del fallecimiento de Juan y Leopoldo Panero, teníamos ya elaborada una memoria de actividades culturales. Ricardo Gullón formaba parte de aquella Comisión, y en mi interior latía el deseo de aprovechar la ocasión para, a través de su persona, mostrar nuestro afecto y reconocimiento a la Escuela de Astorga. Desgraciadamente, el cambio de gobierno municipal en el 87 trajo consigo que ésta y otras iniciativas culturales no se llevasen adelante”. Esto escribía yo, dos años largos después, en un número especial, el 4-XI-1989, que el rotativo astorgano El Faro dedicaba  al insigne astorgano con motivo de la entrega del premio Príncipe de Asturias.

 

Me cupo, pues, en la legislatura  de 1983 a 1987 una gran, y primera, responsabilidad en la gestión municipal. Una de mis aspiraciones era el acercar a la ciudadanía ilustres astorganos, que residían aquí, o en otras poblaciones de España o América. Don Ricardo Gullón, aún sin recibir los galardones que después le otorgarían, era uno de ellos. Estaba entonces en EEUU, pero durante los veranos, recuerdo el de 1985, que impartió un curso en León, pude tratarlo, pues alguna vez visitaba, esta, su ciudad de nacimiento. En 1987, con una Comisión de Homenajes, articulada  en Astorga y  Madrid, de la que don Ricardo formaba parte, fuimos pergeñando una serie de actos, que él estimaba también oportuno centrar en la Escuela de Astorga (los hermanos Leopoldo y Juan, Luis Alonso Luengo y él mismo). Esta y otras  iniciativas quedaron paralizadas. La razón fue que celebradas las nuevas elecciones de junio de 1987, cuatro fuerzas políticas sumaron nueve votos, y nosotros, con ocho concejales de 17, quedamos en la oposición; resultó alcalde, legítimamente según la ley electoral, que no contempla que su máxima autoridadsea el más votado, ni una segunda vuelta, un concejal, único por su partido político.

  

Desde junio de 1987 a 29 de marzo de 1989, gobernó el Ayuntamiento esa coalición de cuatro partidos, con múltiples problemas; retomamos, pues, tras 21 meses, con una moción de censura, el gobierno municipal,  y una gestión “colapsada”. Todo fue volver a empezar, a retomar el pulso de 1987. Ente otros propósitos la Comisión de Homenajes: prontas reuniones en Astorga, en Madrid, desde mayo, con la presencia incluso de don Ricardo. Con unanimidad,  la Corporación le otorga el título de Hijo Predilecto. Recuerdo que tan insigne astorgano padecía ya problemas serios de salud; con toda ilusión, y asesoramiento de amigos, compañeros suyos, José Antonio Carro, el cronista don Luis, don Augusto…,  elaboramos la concejala Geli y yo (y la colaboración administrativa de mi secretaria, Gela) un programa para entregarle el galardón: fueron tres días, 6,7, 8 de octubre de 1989, los destinados a  honrarlo, con exposiciones, la participación de destacados escritores veteranos y jóvenes, estudiosos de su obra…;  y un gran afecto de la ciudad, que culminó con una riada de gente, con la Banda Municipal, grupo folklórico, ante su casa (antigua calle La Parra, hoy San José de Mayo) donde descubrimos, con su nombre y adecuada cita, una placa conmemorativa que perdura.

 

 

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De la satisfacción con que don Ricardo recibió este homenaje (no hay otro más afectivo que el de Hijo Predilecto) dio cuenta él personalmente, pero también a través de otros, como José B. Díez, en El Faro extraordinario citado. He de dejar patente, asimismo, que antes del  homenaje, don Ricardo me invitó a su casa de la calle Goya (no fui yo solo); nos enseñó su biblioteca, libros, cartas, algunos cuadros, y me manifestó que deseaba, cuando él faltase, que fuesen donados para la ciudad, a través de su Ayuntamiento; y no hizo reserva de documento alguno. Pronto se nos fue don Ricardo, en febrero de 1991, y para mí, como sucedería posteriormente con otros insignes ciudadanos, fue doloroso, pues su afecto hacia mi persona había sido grande; entre otros  detalles, me honró con la invitación a su toma de posesión como académico de la RAE. Doloroso, también, porque continuaba yéndose  una época de valía que probablemente, al menos durante lustros, será irrepetible. Fue un entierro, que  me tocó organizar y presidir, digno de su persona, con personalidades relevantes (escritores, académicos,  políticos…), a hombros de la Policía Municipal, que antes había salido a recibir su cuerpo en el coche fúnebre al término de Astorga; acompañado de la Corporación, la Banda Municipal, y astorganos, ante todo astorganos con su cronista e instituciones… 

 

 

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Biblioteca de Astorga. 7 octubre 1989. Acto homenaje Hijo Predilecto. En primer término Juan Carlos Mestre, Antonio Pereira, José Hierro y Antonio Gamoneda. (Foto: JJAP)

 

 

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Acto de octubre de 1989. Luis Alonso Luengo (primer término), Antonio Pereira (tapado), Ricardo Gullón y José Antonio Carro Celada. (Foto: JJAP)

 

En 1991 compatibilizaba la Alcaldía (como fue habitual) con mis clases en el Instituto de Formación Profesional (actual Conservatorio); propuse a la directora, Elianés Fernández, que estimara la posibilidad de dar al centro el nombre de Ricardo Gullón; lo acogió con sumo agrado e interés,  asimismo el claustro de profesores: una Orden ministerial de 19 de diciembre de 1991 satisfizo esta pretensión. Celebramos en marzo del 92, con su viuda y familia, un acto emotivo en el Instituto, descubrimos el rótulo con su nombre, y mis compañeros del Departamento de Lengua y yo elaboramos un número especial de la revista Madrigal (con una separata intercalada de su “Descubrimiento de la poesía”), en la que, con la colaboración del cronista don Luis, pudimos recabar importantes firmas; no faltó (no nos lo hubiera perdonado don Ricardo tan empeñado en la juventud) un concurso literario, cuyos relatos premiados, en el centro de la revista, compartían protagonismo con académicos y relevantes escritores.

 

 

 

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Aunque don Ricardo ya no estaba con nosotros, había que llevar adelante el propósito del estudio sobre la Escuela de Astorga. Con una Junta Organizadora y la coordinación de Javier Huerta (¡qué trato más frívolo  e injusto han tenido los dos parientes, Germán y Mercedes, con su persona!), con Javier, decía, José Antonio Carro, el cronista don Luis, Elsía Armesto, Victorino Madrid…, llevamos a cabo el congreso que nos había demandado, los días 29 y 30 de abril de 1993, volcado en mayor medida en su trayectoria creadora, docente y crítica. Publicó el Ayuntamiento las actas de tal evento: ahí están los académicos de la RAE, los escritores con que intimó, otros  profesores y estudiosos acreditados sobre su obra. Le dedicamos, con el fundamento de su pronta crítica cinematográfica, en las revistas locales de juventud, el Certamen de Cortometrajes del año 2004. Otras iniciativas, no del todo ajenas al Ayuntamiento, fueron el “Seminario” de la Complutense, la publicación por el Marcelo Macías en la revista Astorica de un número monográfico…;  empeños realizados bajo la batuta de Javier Huerta, en los que ha colaborado con algún texto  también, su hijo, Germán. Javier Domingo Martín ha abordado, en los últimos tiempos, la catalogación del epistolario donado: dadas su valía y juventud, no dudo que complacería a don Ricardo.  

 

Doce años después de su fallecimiento, entrado noviembre de 2003, me avisa la familia de don Ricardo que pasemos a recoger, a su domicilio de la calle Goya, el legado que deseó fuese para su ciudad. Tramito ante el ayuntamiento madrileño el permiso para aparcar el camión en la calle, y personal municipal se traslada a Madrid, procede a su embalaje y traslado. Obviamente, no ahorro alabanzas, ¡qué menos! El 22 de marzo de 2002 había culminado las gestiones para adquirir la casa y finca de los Panero, y tal día se efectuó por Resolución de la Alcaldía su compra (otra pequeña parcela adjunta fue adquirida el 30, VI, de 2010).  Nada más que tuve las llaves, fui, junto a la bibliotecaria Esperanza y personal técnico a la casa (en ruinas, había que pisar de viga en viga), y recogimos del suelo algunas revistas, cuadernos de Juan Panero, entre escombros. Un día importante: junto a la catedral la ciudad por fin salvaguardaba una casa significativa de 924 m2 construidos y zona ajardinada abierta durante el día, a tres calles, de 1400m2. Sería posible, ¡qué bien!, albergar y “aprovechar” en un  edificio la cultura astorgana emanada de sus hijos. Relatar a partir de entonces, hasta hoy, cuáles han sido las zancadillas, críticas, ocurrencias peregrinas de uso, fuera y dentro del Ayuntamiento, sobre esta casa, llevaría horas. Hubo, pues, que rehabilitar el inmueble (pendiente, su entorno) durante siete años, desde 2004 a 2011, en nueve fases de contratación diferentes, en función de las subvenciones que íbamos consiguiendo (lo que ha deparado, con tantos desglosados y empresas, arduo trabajo para el arquitecto, Múgica Aguinaga;  y problemas de ejecución, algunos padecidos por los alcaldes posteriores, Victorina Alonso, y, en menor medida, pero también, Arsenio García). 

  

Lo fundamental, cuando cesé en la Alcaldía, en julio de 2011, estaba conseguido: la propiedad, municipal, y el caserón en el final de la  rehabilitación (en agosto se abrió ya para algunos actos). También su destino estaba planteado: una sede destinada a acoger y estudiar los legados, de don Ricardo y otros ya entregados, o que puedan ser donados, una biblioteca y archivo netamente astorganos; y el destino de salas para los autores de la Escuela de Astorga y otros de los distintos ámbitos culturales (con anteproyecto o memoria ya diseñados), con unos espacios para sala de actos. A su cargo debería estar una persona con conocimientos archivísticos y de biblioteca, en coordinación con la funcionaria responsable de toda esta área, la eficaz Esperanza. En suma, sería el tercer “museo” municipal, esta vez, no romano, ni del chocolate, sino cultural (el cuarto, y de gran alcance, el fabril con la valiosísima fábrica y extensa finca, también adquiridas, sería el de Gómez Murias). Este planteamiento “global”, que es para el que fue adquirida la casa, debe ser respetado; pues fue con el que establecí las negociaciones con la anterior propiedad.

 

Cierto que los propósitos que uno alberga no se cumplen muchas veces en el plazo que desea. No menos veraz es también que uno, ya fuera de la Alcaldía, no deja de desear, cuando no sufrir, porque se lleven a término los proyectos encauzados; toda Corporación que destine recursos a los proyectos “de largo plazo” estará  mirando por el futuro de la ciudad. Creo que es positiva la idea de vaciar la casa anexa a la muralla (forma parte de la propiedad municipal también), dejar esta en fachada interior vista, y construir una estructura interna diáfana para albergar la biblioteca, prensa histórica y  biblioteca de autores astorganos; también para los fondos legados, otros que se consideren esenciales, con espacio para la investigación. Por otra parte, la parte del solar en su día vendido por las hermanas de Leopoldo a las monjas de La Milagrosa, y sobre el que se levantó un edificio de altura improcedente para el entorno, ahora sin uso, puede ser objeto de negociación, para su derribo o rebaje de alturas, de manera que ese  espacio cercano a la catedral y al convento recupere parte de la armonía perdida.  

 

Consideraciones aparte, volviendo al principio, y como conclusión: tiene el señor Germán todo el derecho de inculparme porque el legado familiar no fuera debidamente promocionado, también a proponer cuantas conferencias quiera; a buen seguro si nos las hubiera planteado a los alcaldes anteriores, la respuesta, asimismo, habría sido positiva. De todas formas, cuando tengamos las actas en la mano, publicadas, de las disertaciones realizadas, podremos saber qué de nuevo ha sido aportado en el conocimiento de la obra crítica, docente, creativa, de don Ricardo. Desde luego de su vinculación última con la ciudad, poco o nada fehaciente; en cuanto a consideración hacia tantas personas de la ciudad y de fuera de ella que organizaron actos para honrarlo y lo acompañaron, ninguna. Y del ‘escaqueo’ mencionado, nunca fue hábito mío en la Alcaldía, en las “duras y en las maduras”, ni de él, ni de nadie; no tenía, ni tengo motivo para ello.

 

El Ayuntamiento posee un legado de don Ricardo Gullón, donado, que ha de agradecer siempre, que le corresponde en pura legalidad, es decir, sin reversión posible; y un legado no es cuestión eficaz para un año y un lustro, lo cual no tiene por qué ocultar el descontento. Nadie, pues, le discute al señor Germán su derecho a criticar o a adular, que parece practica según la ocasión, pero sí a menospreciar o ser desconsiderado. Con el debido respeto a quienes corresponde tomar hoy decisiones, cuestiono (lo que parece un fin suyo, de entre los  primeros de esta, su última venida) el  hecho de que el señor Germán haya aprovechado la ocasión para desacreditar la universidad pública, y auspiciar otra privada; aún menos que pretenda valerse de la casa de los Panero, cuyo nombre parece desestimar, como extensión parcial de tal universidad. En cuanto a haberse reservado del legado de don Ricardo, ediciones antiguas, cartas del epistolario…,  él sabrá, en conciencia, cuál ha de ser su destino.

  

Por otra parte, peregrina, y extravagante, es la alusión, por su parte, a una confrontación ‘corleoniana’, establecida para dos autores astorganos, el poeta y el crítico. Ridículo me resulta el que se plantee, en lo que a mí respecta, deseos, que resultarían inviables, al mentarme en un asunto que nada me interesa como una universidad privada. El  alardear de manera tan ostentosa de títulos y panoplia me parece propio de presuntuosos. Creo que a las personas, si tienen crédito, les es suficiente con su nombre. De todos modos, gran parte de mi vida, además de la docencia, ha estado dedicada, no a nuevos diplomas, sino a menesteres públicos, como el hacer posible que él haya podido disfrutar, nada menos, la primera apertura del  Teatro Gullón, o, asimismo, exponer cuadros en la casa de los Panero.

 

Y una última impresión personal: creo que el señor Germán ha tornado a una visión anticuada de la Astorga de hoy en día, un tanto ajena a los modos con que se ha presentado en esta ocasión ante ella. Le convendría  observar de esta entrañable ciudad su labor investigadora, creativa, teatral, musical, que es libre y viva, y llevada a cabo con modestia.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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