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José N. Fuertes Celada
16/06/2018

Rilhafoles 7 Y 8

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Esta vez son dos los números comentados de Rilhafoles, el 7 y el 8. El Nº 7 dedicado a los sueños de Santiago Papasquiaro y el 8 a la poesía visual de Felipe Zapico, además de otras poetas menos abisales.
Con un homenaje perpetuo a cuanto tengamos de locos o de excluidos del 'apóptico' comtemporáneo Rilhafoles solo podrá adquirirse, con mucha suerte, en la librería 'Galatea' de León

 

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Resulta harto complicado, hasta para el más obseso rastreador y coleccionista, recibir al día los números de Rilhafoles. He conseguido dos de una tacada los números 7 y 8. Seguro que está a punto el 9. Estos últimos números insisten en despistar sobre su origen, como si a estas alturas todavía fuera creíble que la revista perteneciera al fantasmal ‘Círculo de tiza lisboeta’.  No hay, puedo asegurarlo, verdad en ello.  Ambas portadas, y no voy a repetir lo del despliegue y el formato de la revista, nos conducen, empero, directamente a Lisboa.

 

El número 7 se presenta en su portada con una fotografía del rótulo de la ‘Rua dos Remédios’ y el 8 con la de la fachada de una funeraria lisboeta: ‘Funeraria, TrasladaÇôes’; ambas fotos de Mario Paz. No creo que debamos ligar una portada con la otra, pero no barruntan nada bueno. 

 

De el número 7 los textos ya nos eran conocidos por haber sido publicados en ‘Contextoglobal’ de Astorga Redacción. Una especie de “aletazos de cieno tras la vara de ámbar”. Cuatro sueños  en homenaje  Santiago Papasquiaro y de rebote a Bolaño y a su novela  ‘Los detectives salvajes’, escritos al alimón por Bruno Marcos en los sueños impares 1 y 3 y José Miguel López-Astilleros para los 2 y 4.

 

Hay que decir que en las cuatro narraciones hay un intento mistificador de la figura de Papasquiaro, como sombra redentora de lo imposible, al que atisbamos sonámbulo y soñador y paseante equivocado por el país de los muertos, sea México D F o el desierto de Sonora, trasunto pagano del retiro en el desierto. También hay que decir que en este juego al tresbolillo de la autoría hay un continuo, y tal que en Zenón de Elea surge la paradoja de la inexplicabilidad por esa tentativa de ordenación vital que pretenden estos sueños. (La paradoja de ese sonambular continuo es que no se sonámbula ni un paso.)  Y aunque con estilos diferenciados, más lírico el de Astilleros y filosófico el de Bruno, no dejan de atornillarse ideas que el otro hubiera iniciado. En esto, claro está, lleva la ventaja el último en hablar de los sueños. Será porque al ser sueños reales o inventados, tienen ese aire familiar de lo fantasmagórico. Y además, aquí se perseguía el soñar o imaginar los sueños que hubiera podido soñar o vivir, si su vida fue sueño, el poeta Santiago Papasquiaro. Se trata del sonambular de un funambulista que ha sustituido el peligro del escalatorres por este otro más contemporáneo, de también estamparse en el asfalto, de que “lo alcanzase el terrible vehículo que desde el fondo de los años lo perseguía.”

 

 

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Un tema destacable, y no voy a contar las historias, es el de la poesía. Dice Bruno Marcos en el sueño 1: “Y la poesía esa hija de la gran chingada, asomando por los desagües de las cloacas buscándome los labios y la lengua y las palabras con su pulpa de miseria líquida.”  Continúa López-Astilleros en el sueño 4, en un lenguaje híbrido entre lírico y canalla: “Sueño con los vientres hinchados de los zopilotes, de donde emanan y rebosan mis besos hacia las cloacas, como larvas de una vida interior que no sabe adaptarse al mundo de los luzófagos, devoradores de metáforas sumergidas en mezcal, que caen ciegas a la tierra estéril de los ojos abiertos”.

 

Otro tema será el de la muerte y su continua presencia en la vida, pero no vamos a entrar ahí no siendo que la imagen especular e hiriente de Pedro Páramo consintiese en una celada. 

 

La cara gráfica de la revista está compuesta por las ilustraciones de los cuentos de Patricia Gutiérrez. Ilustraciones para adultos en la hechura de los cuentos de hadas. El sonambulismo y la presencia de la muerte es el motivo de estos dibujos, la libélula iridiscente y azul de la agonía como desenlace de las autoilusiones y un desvelamiento diáfano de la realidad, una vez transcurrida la travesía infernal que no le llegará a Ítaca; puesto que la realidad definitiva es esa travesía indefinida y lucífuga…

 

 

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Tres poemas inéditos de Luis Santana completan la revista, son poemas muy concentrados y sugeridores. Me detengo en su primer poema 'Luego de ver a una dama', y veo la luz tan nítida de esa oscuridad, una luz retenida de un momento de insufrible belleza, que se adora y consagra y se venera y por ello se desboca, desentendiendose casi de lo que dio origen a la contemplación, una dama, ahora duplicado en belleza interior. Muy platónico, o mejor dicho, como de Ficino en el 'De amore'.

 

El número 8 en su cada gráfica se compone de siete poemas visuales de Felipe Zapico. El que sirve de portada dice lo que muestra, sin que podamos adivinar mensaje alguno entre las letras y números que le revolotean caleidoscópicamente. Otros poemas si muestran lo que dicen: Amor/odio, LOCOCOLOOLOCOCOL, RRRUMORRR, CRISSSTAL, y una especie de caligrama que se metamorfosea en PEONÍA.

 

 La otra cara de la revista la componen un poema y un pequeño relato.

 

El poema titulado: “29 de enero de 2002” pertenece a Olga Novo. No son poemas de la llamada línea clara, transparente, sin ninguna estructura hermenéutica profunda, tan ‘a la page’, los que solemos encontrar en Rilhafoles. Siempre serán más visionarios. El poema de Olga Novo indaga en los orígenes maternales con todo el peligro que tienen las adscripciones a un origen, hasta casi llegar a la ‘Eva mitocondrial’. Este irse hacia atrás quisiera llegar hasta el animal, al perro, o a lo que dice el perro si ladra; aunque no desestimo que el origen primero donde pararía el poema es la ‘charca de diatomeas’. “¿Sabrá captar al fin el rumor helado de las algas?”

 

El peligro de las escrituras que se adscriben a una pertenencia, en este caso la de género, es que pueden terminar valorándose más a causa de esa pertenencia que por el hallazgo poético.

 

Es verdad que en el poema hay imágenes tan ‘autoegóticas’ que diríamos que la escritora ‘palra’ de sí misma alegóricamente. 

 

Este sarcasmo tiene que suavizarse, pues el poema en su remisión a lo ilimitado provee de imágenes, emociones móviles que se asientan en hallazgos onomatopéyicos que conectan lo cultural con la infancia a través de ‘signos propios’: Es el caso de ‘Virginia Wolf’ en la onomatopeya ‘auh, auh loba’  o el de ‘Cons tan tín Brancusi’ en relación a una campana de cristal. ¿Será en referencia a Sylvia Plath? 

 

Está revisitación ‘autoegótica’ camino del ladrido -pues el poema comienza: “Querida mamá…  estoy aprendiendo a ladrar”-, intenta la resemantización virtual y acabada del mundo. ¡Ahí es nada! : “...Voy mamá /  voy hacia ti /  voy yo voy /  alta /  alta / auh…” 

 

 

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‘Fe’ es una breve narración de Ainara del Hoyo, fe en las mentiras de la televisión, en el significado de la conquista de la luna. Fe de descreída, de atea. Una fe profana y profanadora de  las creencias que termina en el balbucir del labio que dice lo que no dice, el deseo incrédulo de la fe imposible, por exigencia de la ‘galaxia visual’, de participación en sus mitos como manera alienada de seguir siendo humanos. Eso es lo que dice la ‘yegua’ del cuento, que es la que habla; ya la única que puede dar fe de ese actual devenir humano. 

 

Ambas revistas, 7 y 8, finalizan con el recordatorio de ‘Ángelo  de Lima’, Poeta lisboeta pobre, viejo y feo y tachado de loco, que públicó sus poemas en la revista 'Orpheu', fundada en 1915 por Fernando Pessoa y Mario de Sá Carneiro. ¿Habría llegado al fin, Ángelo de Lima, a captar el rumor helado de las algas?”

 

 

 

Sueños de Papasquiaro publicados en Astorga Redacción.

 

SUEÑO 1

 

SUEÑO 2

 

SUEÑO 3

 

SUEÑO 4

 

 

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